SALLY BLIUMIS-DUNN

ECOLOCALIZACIÓN

Las ballenas no pueden oírse entre ellas

por los equívocos ruidos del mar: encallan.

Una vez vi una—emergió hasta la arena con algo

enredado en su piel azul grisácea.

Pesada e inmóvil

se extendía como una gran desesperación.

Y era difícil respirar con todo ese hedor.

Sus elípticos ojos negros se tranquilizaron, estaban prácticamente secos,

con percebes adheridos a su espalda

como minúsculos volcanes chamuscados.

Imagina las otras ballenas, su errante pesadez,

su membrana de profundidad azul oscuro.

Yo me detuve al notar la dimensión de mi propio dolor.

Y esta ballena, grande y muerta sobre la arena

con su inimaginable corazón de quinientas libras.

 

Versión de Carlos Alcorta

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