CASARES

ANTONIO CASARES. BALTIAMOR. COL. A LA SOMBRA DE LOS DÍAS. CONSEJERÍA DE CULTURA DEL GOBIERNO DE CANTABRIA, 2015

 Baltiamor, la palabra que da título a este libro, es un neologismo creado por el poeta a partir de dos palabras, Baltimor, la ciudad en la que murió Edgar Allan Poe (que, al parecer, es también la ciudad «donde nació la mujer que yo amo») y la palabra amor, como el propio Antonio Casares explica en el poema de igual título, uno de los más conmovedores del libro: «Baltiamor es la tierra prometida,/ la dulce musa de mi inspiración,/ un lugar sin lugar en este mundo,/ un sueño convertido en una flor […] Baltiamor es para los soñadores/ y los enamorados del amor,/ y en ella solo caben los amantes,/ amor mío, como tú, como yo…». Como podemos observar, el amor se erige en juez de la conducta humana, cualquiera que sea la edad del afectado, y eso comporta innumerables riesgos, entre los cuales no son los menores la falacia patética o la afectación, sobre todo cuando el poeta se abisma en la tradición sin destilar su propia experiencia (los ecos de Juan Ramón están muy presentes, por ejemplo en el poema titulado «Arte de amarte», cuyo titulo remite directamente a Erich Fromm), dejándose arrastrar por un sinfín de imágenes consabidas que, lamentablemente, no aportan novedad ni emoción alguna a lo ya escrito previamente.

Antonio Casares (Pembes, 1946) es un poeta experimentado (uno siempre recordará el fervor con el que leyó su primer libro, El infierno de los días, publicado en 1978) que también escribe relatos, teatro y letras de canciones, por eso no dudamos de que es plenamente consciente de esos riesgos a los que hacíamos mención, pero quizá debiera de calibrar mejor la respuesta cuando «Llegan palabras como meteoros/ o ráfagas de luz entre las sombras,/ vienen desde la noche de lo ignoto,/ como caricias o suspiros». Quien esto escribe es consciente de las dificultades que eso comporta. La decisión de no atender esa llamada resulta dolorosa, pero mantener el equilibrio entre lo dicho y lo sentido, trascenderlo gracias a la contención y la poda resultan incluso más necesarios en la escritura que la propia escritura; en todo caso, alcanzan siempre un mayor rendimiento que la meticulosidad excesiva, que el desbordamiento emocional, que el intento de abarcar hasta el último reducto de la experiencia. El vacío, por paradójico que resulte, generalmente aporta más nutrientes que el hartazgo. El poema titulado «Emily Dickinson» delata como ningún otro que Casares comparte en gran medida lo apuntado hasta aquí sobre la desmesura. Copiamos algunos versos para que el lector de estas líneas lo compruebe por sí mismo, los iniciales: «Demasiadas palabras,/ rodeos, circunloquios,/ para no decir nada,/ para decir muy poco» y los últimos del poema: «con muy pocas palabras,/ supo decirlo todo».

De lo que cabe ninguna duda es de que la vocación poética de Antonio Casares es intensísima. Confía en el poder de la palabra hasta el punto de ve en ellas la posibilidad de una pequeña resurrección. El mero hecho de que algunos versos caigan en las manos de un lector futuro justifica su entrega: «[Y si] leéis alguna vez algún poema,/ aunque os suene extraño lo que digo,/ es que he vuelto, es que he resucitado,/ o mejor, nunca he muerto, sigo vivo». De esa voluntad integradora nacen poemas como «En la próxima reencarnación» o «El corazón poético del mundo», el último del libro, en el que la escritura y el amor se enlazan: «Amantes, soñadores y poetas», en un destino común que vuela por encima de lo cotidiano, un destino sólo concedido a las almas nobles. Esta visión voluntariamente romántica tiene su origen, posiblemente, en el romanticismo inglés. Un poeta como John Keats late entre los versos («And what is love? It is a doll dress’d up/ for idleness to cosset, nurse, and dandle»). En cualquier caso, Baltiamor ofrece además otras cosas no menos interesantes, como la crítica al endiosamiento de la tecnología presente en varios poemas como los titulados «Email para Dios» o «La oración del móvil», la crítica social («Enola Gay», el monólogo dramático («El lamento de Hölderlin») o la alucinación viajera («Salónica»). En resumen, esta nueva comparecencia de Antonio Casares nos redescubre a un poeta enamorado que vive intensamente ese momento de exaltación, un poeta que confiesa su incertidumbre sin pudor y pondera el uso de la palabra como un don que hay que preservar. Baltiamor es un libro que merece la pena leer para descubrirnos mirándonos en el espejo del otro, porque sólo en los poemas la experiencia del lector renace y cobra sentido.

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