MONTSE BARRERO. ANTÍDOTO. SEPTENTRIÓN EDICIONES, 2016*

 Antídoto es el primer libro de Montse Barreo y antes de entrar a fondo en lo que me han sugerido sus versos, me gustaría comentar lo que significa la publicación de un primer libro. Aunque muchos afirman que escriben sólo para sí mismos, en todo escritor anida la secreta ambición de ver sus textos publicados, y no me refiero al hecho de “colgarlos” en la red, en alguna de las páginas web que proliferan en esa realidad virtual que para muchos tiene ya más consistencia que la realidad misma, sino en el formato tradicional, es decir, en forma de libro. Pero para conseguirlo hay algunas condiciones que no conviene soslayar, y una de ellas, de importancia capital, es la de mantener la calma. Esta calma, este Elogio de la lentitud (título de un libro de Carl Honoré en el que, entre otras cosas, afirma que «ha llegado el momento de poner en tela de juicio nuestra obsesión por hacerlo todo más rápido [porque]correr no es siempre la mejor manera de actuar»), este no precipitarse permitirá al autor tomarse un tiempo para ser crítico consigo mismo y para realizar una exhaustivo trabajo de selección entre sus escritos, y es que, aunque parezca una verdad de Perogrullo, no todo el mundo es consciente de que para publicar hay que escribir y de que escribir conlleva corregir y desechar. Sí, hay que corregir hasta que el texto, el poema adquiera su forma definitiva y es imprescindible destruir, desechar, tirar a la papelera aquellos textos o poemas que no acaban de “funcionar”. Acaso sea ésta la labor más ingrata, pero es del todo necesaria porque nos permitirá no sólo pulir lo escrito sino ampliar los límites de nuestra propia escritura. Es un error pensar que alguien se convierte en poeta por el mero hecho de sufrir experiencias excepcionales o porque vive la vida de un modo más intenso. El poeta no es un ser especial, no es alguien que siente emociones únicas, es lo que hace con estas emociones lo que le convierte en poeta. “Para ser poeta hay que vivir mucho, y recordarlo”, decía Paul Verlaine.

Un ejemplo de todo lo desarrollado hasta ahora lo tenemos en este libro de Monste Barrero, Antídoto, un título que, además de oportuno, resulta especialmente atractivo. Montse Barrero ha trabajado duramente en la puesta en escena de sus poemas, ha corregido sus versos con perseverancia, ha desechado algunos y ha añadido otros, ha ordenado y reordenado el libro hasta que éste ha logrado la disposición deseado,; ha sido muy consciente de que al lector hay que ofrecerle lo mejor de uno mismo y por esa razón ha empleado energía a raudales para que todo saliera perfecto. Conviene aclarar que todo este trajín no ha quitado un ápice de frescura a sus poemas. Las consideraciones formales que se han llevado a cabo han afinado la intuición poética, no la han menoscabado.

Pero hablemos ya de Antídoto. Para un poeta siempre es más fácil escribir poesía que hablar sobre el proceso de creación, aunque sean, como en este caso, no sus propios versos, sino los de una colega el objeto del comentario. En todo caso, hablaré como el lector que soy, un lector al que ha sorprendido la forma directa de reflejar los sentimientos y las percepciones más comunes de nuestra existencia que trasmiten sus versos. Con un lenguaje sencillo pero a la vez preciso, propio de una persona acostumbrada a tomar decisiones no sólo en la vida, sino en la página, sus poemas despertarán la sensibilidad de todos aquellos que los lean porque estos poemas son un ejemplo de honestidad de la expresión, sin adornos retóricos, ansiosos de poesía pura, de perplejidad espiritual. El poeta debe ser absolutamente sincero o, al menos, debe trasmitir esa impresión, mas como escritor debe ser absolutamente eficaz, no ocultar nada de sí mismo, pero desplegando en esa franqueza, con toda la dignidad exigible, la preocupación de esa dignidad, manifestándola lo más que se pueda, si no en la perfección de la forma, cuando menos en el esfuerzo invisible, pero efectivo, dirigido hacia esa alta y severa cualidad.

 Es muy difícil explicar de dónde nacen los poemas, ¿de la experiencia?, ¿de la imaginación?, ¿de los sueños?, ¿de la lectura de otros poemas? Es muy posible que sean una amalgama de todas estas eventualidades, pero no es necesario conocer su origen para disfrutarlos, me atrevería a decir que, incluso, es mejor no saberlo. Dice Sharon Olds que «el lugar del que procede la poesía es un lugar sano». Yo no estoy muy seguro de eso. Creo, más bien, que la poesía nace de un desencuentro con la realidad, de una insatisfacción íntima con lo que nos rodea y, también, con nosotros mismos. Machado decía que se canta lo que se pierde y Borges afirmaba que escribía desde el desencanto, desde la melancolía, porque cuando se sentía feliz, lo que pretendía era vivir esa sensación sin interrupciones teóricas, recrearse en esa felicidad sin necesidad de explicársela. No se trata de generalizar, porque cada poeta tiene sus propios argumentos, pero estas aseveraciones parecen acercarse más al origen de la creación poética, que no es otro que ese desajuste entre quienes somos y queremos ser, esa sensación de finitud que nos acongoja, esa zozobra que nos trasmite el futuro, esa rebelión contra el estado de las cosas. Nadie escribe tan bien como desea. El escritor, el poeta, trabaja en la más absoluta oscuridad, y no sólo al principio. No está seguro de nada, no sabe si sus textos, sus poemas, tienen calidad o no. Francisco Brines aseguraba en una entrevista reciente que «te conoces por el poema, pero no conocías antes de escribir el poema lo que en él escribes», por eso es tan importante mantener el impulso de escribir, como ha hecho Montse Barrero en estos magníficos poemas de búsqueda de sí misma, poemas de emociones fuertes tratados como delicadas acuarelas, que luchan, sin embargo, a brazo partido con sus fantasmas, que convierten los momentos de confusión, de rabia o de tristeza en bellas palabras. Antídoto es un libro de laceraciones, pero es también, y fundamentalmente, un libro de afectos que ahora anhelan el reconocimiento del público, de sus amigos, de sus lectores.

*Texto de presentación del libro en la librerías DLibros y Gil

14_05_2016_ANTÍDOTO

Anuncios