REVISTERO (2)

Un número doble, el 117/118, es la última entrega que nos llega desde Teruel de la revista Turia y, como siempre, llega repleta de contenidos interesantes. El «cartapacio» está dedicado en esta ocasión al escritor de culto José María Conget. Nacido en Zaragoza en 1948. Conget es autor de una obra absolutamente personal que comienza con quadrupedunque (1981), primera parte de una trilogía que forman Comentarios (marginales) a la Guerra de las Galias (1984) y Gaudeamus (1986) y aborda distintos géneros como el ensayo o la entrevista. Otros de sus títulos más significativos son Palabras de familia (1995), Una cita con Borges (2000), Bar de anarquistas (2005), La ciudad desplazada (2010) o La mujer que vigila los Vermeer (2013).

La revista mantiene sus secciones habituales, «Letras», en la que se publica, entre otros, un magnífico trabajo de María Ángeles Pérez López sobre la poeta María Victoria Atencia; «Taller», con narraciones de Julian Barnes, Edmundo Paz Soldán o Miguel Carcasona, entre otros; encabezan la sección «Poesía» nueve poemas inéditos de Charles Simic de su libro El lunático, traducidos por Jordi Doce con su excelencia habitual. Poemas de Rafael Cadenas, de Vicente Gallego, de Jesús Jiménez Domínguez, Olga Bernard o Ana Merino se encuentran entre lo mejor de el conjunto. Dos magníficas y enriquecedoras entrevistas integran la sección «Conversaciones»: El escritor Vila-Matas y el artista Fernando Sinaga (autor del dibujo de portada y de las ilustraciones que abren cada sección) son los protagonistas.. Un fragmento del diario en marcha de Raúl Carlos Maícas (director de la revista) integra la sección «La isla». El número dedica, como viene siendo habitual, dos apartados a cuestiones más cercanas sentimental y geográficamente a la región en la cual se edita, y finaliza con la nutrida sección de reseñas, titulada «La torre de Babel». Un número éste de Turia, tal y como nos tiene acostumbrados, de lectura obligada.

Regresa, para fortuna de los lectores, la revista Cuaderno Ático, coordinada por Sandra Santos y Juan Manuel Macías, que en este su número se centra en la poesía escrita por mujeres, un asunto que parece, a tenor de la concurrencia de actividades, colecciones de poesía y antologías de género, se ha puesto de actualidad (espero que no de moda). «Las mujeres que han escrito poesía a lo largo de la historia —escribe los coordinadores del número— no han tenido el reconocimiento merecido, la visibilidad esperada». Es, sin duda, cierto, pero no se puede generalizar. Poetas como María Victoria Atencia, Clara Janés, Ana Rossetti, Blanca Andreu o Elena Medel han gozado de un reconocimiento excepcional prácticamente desde que publicaron sus respectivos primeros libros. No es menos cierto, tampoco, que la poesía es, por sí misma, un que género que roza la marginalidad, y en esa marginalidad sobrevive también mucha de la poesía escrita por hombres.

La traducción tiene una presencia relevante en este número. Juan Manuel Macías publica versiones de Safo, Rosalía de Castro, María Polyduri y Katerina Anghelaki-Rooke. De Sandra Santos son las versiones al portugués de poetas que escriben al castellano, así como las versiones al castellano de poetas anglosajonas y lusófanas. El número se completa con poemas inéditos de poetas españoles como Carmen Canet, Efi Cubero, Mónica Doña, Trinidad Gan, Mónica Francés, Isabel García Mellado, Ángeles Mora, Itziar Mínguez Arnaiz o Blanca Varela. Finaliza el volumen con una antología de poetas suicidas recopilada por Sandra Santos. De cada una de ellas se publica un poema en versión original acompañado de la traducción, en su caso.

Mención aparte merece el apartado gráfico, con una muestra de fotografías y collages de Francisa Pageo, Sonia Márpez, Leila Amat Ortega, Luiza Cavalcante, Irene Cruz, Silvia Japkin o Daniela Joaquim. La imagen de cubierta pertenece a Alile Dara Onawale. En resumen, este número seis de Cuaderno Ático, una revista que conserva el diseño clásico de composición, es un regalo para el lector. Damos la bienvenida y la enhorabuena a sus responsables por ello y por tener la valentía de internarse nuevamente en el revuelto piélago de la creación poética.

Antonio Rivero Taravillo, infatigable promotor cultural, poeta y traductor, entre otras muchas ocupaciones relacionadas con la poesía, con la literatura, dirige la revista Estación Poesía, que ha alcanzado ya el número 7 y como es habitual, está plagado de excelentes colaboraciones. Comienza el volumen con un poema del torrelaveguense Alberto Santamaría (del que esperamos la edición de su obra completa para el próximo otoño). José María Cumbreño, con un poema en prosa, Jordi Doce, del que se publica un poema en cinco movimientos, Luis Antonio de Villena, uno de los poetas novísimos que mejor se ha adaptado a los cambios poéticos del presente, Manuel Moya, Julio Martínez Mesanza, Almudena Guzmán, Cocha García, José Infante o Antón Castro son los elegidos entre los poetas de más amplia trayectoria. Un buen plantel de jóvenes poetas, entre los que destacan Alex Chico, Aitor Francos, Javier Vela, Diego Álvarez Miguel, Xaime Martínez, Rodrigo Olay, María Alcantarilla, Jesús Montiel, Heberto de Sysmo, Rubén Martín o Javier Vicedo nos muestran la variedad de caminos por los que transita la poesía más actual. Integran también este volumen las iluminaciones reflexivas de José Iniesta o de Juan Lamillar. Elías Moro, Alejandro Simón, José Antonio Moreno Jurado, Miguel Florián, José Tono Martínez, el dominicano Frank Baez, Mercedes Roffé, Rafael Adolfo Téllez, Candela de las Heras, Concha Romero, Narciso Raffo o Roger Wolfe son los nombres de otros poetas que dan lustre a este magnífico número siete. La parte final de la revista está dedicada al comentario de libros. Una antología de poesía asturiana, lo último de Ángeles Mora (Premio de la Crítica 2016) o de Álvaro Salvador, entre otros, ocupan merecidamente estas páginas. Una breve nota bibliográfica de todos los colaboradores contribuye a documentar el trabajo de cada uno de ellos. Notas que, como están en la parte final de la revista, pueden fácilmente obviarse. Quien piense que los datos son una interferencia que puede condicionar la lectura puede prescindir de ellos y leer cada poema sin ninguna interferencia documental. Creo que uno de los mayores aciertos de Estación Poesía, una revista que también respeta la factura del diseño clásico, está en la combinación de la poesía que viene con la poesía de autores consolidados pero no asentados en fórmulas rutinarias. Personalmente creo que es una fórmula acertada, pero los lectores son quienes tienen la última palabra.

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