JAVIER GATO

 

JAVIER GATO. LYCISCA. COLECCIÓN TIERRA. LA ISLA DE SILTOLÁ, 2016

La editorial Isla de Siltolá no cesa de deparar sorpresas y de propiciar descubrimientos, sobre todo en lo que se refiere a la joven poesía de nuestro país. La arriesgada apuesta de su editor no tiene parangón en la actualidad. No es Isla de Siltolá la única editorial que acoge a nuevos poetas —sin ir más lejos, Valparaíso Ediciones se aventura también a incluir en su catálogo nombres que comienzan a despuntar y aún son casi desconocidos con notable regularidad—, pero quizá sea la primera la que lo haga con mayor insistencia, como una de las señas de identidad de la editorial.

El nombre de Javier Gato se une a los de Miguel Floriano, Nicolás Corraliza, Diego Ropero-Regidor o Iván Onia Valero, por citar sólo unos ejemplos, y lo hace con el libro titulado Lycisca (apodo que utilizó Mesalina, la esposa del emperador romano Claudio, para encubrir sus actividades como prostituta). «Pronto enredará Érebo sus rizos/ en los neones/ y la Pandémica volcará la balanza( Pronto/ todos los Alcides derramarán hidras/ sobre mi yermo salado de asfódelos// Mi nombre es Lycisca», escribe Gato en el primer poema, a modo de presentación de un personaje que sirve de elemento aglutinador pero que no es, en cualquier caso, el asunto central del libro. Lycisca combina con destreza la ironía —ciertas dosis de crueldad están implícitas en ella— con la erudición, la travesura y el ejercicio crítico. Son muchos los poemas en los que se muestran sin pudor las fuentes, fuentes que van desde la tradición greco latina hasta Juan Ramón, con algunos toques surrealistas e, incluso, de Mallarmé. Una infrecuente combinación de ascendientes que dan como resultado unos poemas que nacen «en lo más oscuro del laberinto». La necesidad de una brújula para no perder el norte, para percibir las múltiples capas de significado o para ser un protagonista más en los distintos juegos verbales es un aliciente más que ofrece este libro, el tercero ya, tras Diario de un gato nocturno (2009) y 72 Demonios (2012), de Javier Gato. El estupendo poema «Dieta», del cual entresaco estos versos: «restringimos calorías al lenguaje/ aceptamos el hambre y sus temblores/ sellamos la nevera y sus nieblas retóricas/ sólo un puñado de surrealismo el fin de semana/ prohibida la máscara/ el correlato/ el culturalismo/ el atracón/ de imágenes de digestión pesada// Así este verano te luciré/ en el Edén de Torremolinos», ilustra fielmente el afán metapoético tratado con humor, sin sacralizar el resultado, desmitificando acaso la trascendencia que tradicionalmente se otorga al proceso creativo, lo que supone una saludable bocanada de aire fresco.

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