ALEX CHICO I

ALEX CHICO. SESENTA Y CINCO MOMENTOS EN LA VIDA DE UN ESCRITOR DE POSDATAS. COLECCIÓN LEVANTE. LA ISLA DE SILTOLÁ, 2016

Los juegos de identidad han tenido siempre en la literatura un magnífico caldo de cultivo. No se trata de inventar heterónimos a la manera de Fernando Pessoa o de Antonio Machado, sino de dar consistencia a un personaje cuya identidad se presenta como resbaladiza y secreta, un personaje que fluctúa entre la realidad y la fantasía, un personaje, en suma, que puede muy bien haber existido pero que puede ser sólo un producto literario que se alimenta tanto de la imaginación de su creador como de la fidelidad de sus lectores a una biografía cómplice. Uno de los casos más recientes y enigmáticos de estos autores apócrifos es quizá el de José María Fonollosa, el poeta barcelonés sobre el que tanto se ha especulado y al que se le han adjudicado diferentes identidades reales (y presente, además, en las páginas de este libro).

Por otra parte, no deja de ser curioso que el libro anterior de Alex Chico, Un hombre espera, sea una biografía novelada sobre un autor, José Antonio Gabriel y Galán que, a pesar de haber tenido una existencia real, se presenta, en la búsqueda parisina que Chico emprende, como un autor casi fantasmal, de lo cual podemos deducir, sin temor a desbarrar, que no hay mucha diferencia entre lo real y lo inventado y que los márgenes, las fronteras entre vida de ficción y vida real se diluyen con una facilidad asombrosa.

Alex Chico es fundamentalmente poeta. En este género ha publicado alguno de los libros más interesantes de su generación (algo que, incomprensiblemente, parecen desconocer los responsables de algunas recientes antologías de poesía joven) como Un lugar para nadie (2013) o Habitación en W (2014), pero también ejerce la crítica literaria y, como hemos dicho, ha publicado su primera novela. Si menciono estos datos es porque Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas parece participar de estos diferentes registros. Hay, como hemos dicho, ficción, pero también encontramos poesía y, por su puesto, abundante reflexión poética que bien podemos encuadrar dentro del ensayo crítico.

E.P., el escritor fantasma, confesó a Alex Chico, según éste nos revela «que la parte esencial de su producción literaria, aquella que estimaba clave a la hora de entender su propia obra, la había condensado en las posdatas de las múltiples cartas que había escrito a lo largo de su vida». Se enumeran una serie de libros de los cuales Alex Chico ha seleccionado los fragmentos que componen este volumen recopilatorio, en el que abundan, como hemos apuntado, las reflexiones sobre el propio acto de la escritura, de un profundo calado, algunas de las cuales, tan cercanas al aforismo, bien merecen un desarrollo reflexivo más extenso, por ejemplo: «Nadie puede escribir hasta que no ha perdido un lugar» (acaso porque, como escribe en otro fragmento «nuestra forma de ser y de estar en el mundo, nuestra actitud y nuestro carácter, determinan el lugar que habitamos. Y viceversa») o «La literatura es un diálogo con lo que y ano somos, con lo que fuimos».

En el fragmento titulado «Ciudad del hombre: París (que tantos ecos posee de del citado Fonollosa) es, sin duda, donde encontramos mayor vinculación con Un hombre espera. No es necesario que los lugares descritos sean los mismos, incluso nos resulta indiferente que sean reales o imaginarios, el lector los asociará inmediatamente con los barrios parisinos en los que se desarrolla la pesquisa. El libro finaliza con una pregunta desasosegante: «¿cuál será la palabra que cierre mi último libro?». No podremos saberlo hasta que el autor deje definitivamente de escribir, pero nos aventuramos a creer que la escritura, tal y como la concibe Alex Chico, es capaz de ir aún más lejos que la intención del escritor. La última palabra no la escribe el autos, la escribe el futuro.