michael sledge

MICHAEL SLEDGE. CUANTO MÁS TE DEBO. EL VIAJE INTERIOR DE ELIZABETH BISHOP Y LOTA DE MACEDO SOARES. COLECCIÓN UMBRALES. VASO ROTO, 2016

 No escasean las interpretaciones, más o menos noveladas, sobre la relación sentimental entre la poeta norteamericana Elizabeth Bishop y la arquitecta y paisajista brasileña Lota de Macedo. Se han escrito varios libros (en esta misma colección se publicó en 2009 el libro de Carmen L. Oliveira Flores raras y banalísimas. La historia de Elizabeth Bishop y Lota de Macedo Soares, cuya edición original, en portugués, data de 2002), se han filmado películas (Luna en Brasil, de Bruno Barreto, basada en el libro antes mencionado) y escritos cientos de artículos («Elizabeth Bishop», de Pearl K. Bell publicado en Letras Libres en 2002, por ejemplo) y, sin embargo, siempre quedará algo por añadir gracias a nuevos documentos, a fuentes directas rescatadas del pasado o a la propia interpretación de hechos y datos conocidos por parte del autor que se esfuerza en el empeño de desentrañar determinados vínculos que jamás verán la luz, pues nadie puede adueñarse por entero de la intimidad de otra persona, nadie puede suplantar sus pensamientos e intenciones más secretas.

No cabe deducir de lo hasta ahora apuntado que toda aspiración en este sentido sea un proyecto condenado al fracaso, sino todo lo contrario. Es del todo necesario reconocer el tremendo esfuerzo que supone ponerse en la piel de otro para asumir sus experiencias como propias con el objeto de trasladarlas al papel. Imprescindible resulta, además, acopiar toda la información posible, desde cartas a poemas —fundamentalmente poemas, aunque Bishop no fue una poeta especialmente prolífica ni proclive a incluir en sus versos experiencias personales— y otros escritos de la autora y de aquellos que la conocieron y/o convivieron con ella no sólo durante el periodo descrito, sino a lo largo de su vida hasta fotografías o artículos periodísticos (no debemos olvidar que Lota fue, en la época que compartió su vida con Elizabeth, un personaje público con una actividad política y social abundante). Pero estos documentos proveen únicamente de material, por decirlo así, verificable. Es a partir de ellos desde donde comienza la inmensa labor del novelista: narrar los hechos y recrear las ideas y pensamientos que los dieron lugar y hemos de decir que Michael Slegde realiza en Cuanto más te debo un trabajo impecable, sobrio y equilibrado en el que no tienen cabida especulaciones fantasiosas ni exculpaciones inadmisibles. Sledge ofrece una coherente concatenación de circunstancias para explicar los altibajos que sufrió una relación que duró más de quince años. Hay que resaltar esa contención como una de sus características primeras, porque incluso cuando narra el final de la historia no se deja llevar por el sensacionalismo. Se muestra sumamente respetuoso con el destino final de Lota: «Nunca sabrá por qué. Nunca sabría si pudo haber hecho algo para evitarlo. Quizás Lota lo había planeado todo; pero era igualmente probable que se tratara de un acto impulsivo. Tal vez había tenido problemas para dormir esa noche y perdió la cuenta de cuántos somníferos había tomado del frasco. O quizá, tal y como Elizabeth sospechaba, simplemente se había aburrido de su propia falibilidad, un aburrimiento mortal. Lota siempre había sido impaciente. Al final, tal vez, demasiado impaciente para seguir viviendo». Una historia que no tiene un principio muy claro. Sledge interroga sobre ello «¿Cómo marcar un principio? ¿Cómo saber en qué momento comienzan las cosas? ¿La primera vez que dos miradas se encuentran? ¿Tras una presentación con nombre y apellido? ¿O más tarde, cuando la inevitabilidad de algo más ya no puede negarse, cuando enunciarlo se vuelve obligatorio?». Tras un primer encuentro en el MoMA de Nueva York, tendrán que trascurrir cinco años para que Lota y Elizabeth, que ha programado un viaje con destino Buenos Aires gracias a una beca del Bryn Marw College, con paradas, entre otros lugares, en Río de Janeiro, se encuentren de nuevo, encuentro que alterará definitivamente sus planes. En Santos la esperaba Pearl, una amiga norteamericana, pero también tenía previsto visitar a Lota, que a la sazón vivía con Mary. Un contratiempo en su salud la obliga a quedare para restablecerse. A partir de aquí se inicia una relación, tormentosa en muchas ocasiones, pero gratificante y eufórica en otras, que, con diferentes periodos de separación, se extenderá a lo largo de diecisiete años. Sledge sabe describir con el distanciamiento necesario el origen de los poemas que Elizabeth escribió durante este dilatado periodo pero también los efectos de las borracheras o episodios con tintes de tragedia, como la visita de Robert Lowell, el poeta en cuyos juicios más confiaba, a quien más quería con un cariño nunca interrumpido. Lota, inmersa en su proyecto artísticos (la casa de Samambaia o el Parque do Flamengo), además de su intensa actividad política. Atravesará también momentos difíciles tanto personales como sociales. Su carácter, muchas veces rozando lo despótico, le granjeó numerosos enemigos que poco a poco fueron minando su confianza en sí misma y la volvieron arisca y vulnerable. Elizabeth, por su parte, luchara a brazo partido por escribir poemas, sin conseguir vencer su inseguridad permanente. Traduce del portugués, escribe para la revista Life un largo ensayo sobre Brasil. Es cada vez más reconocida en Estados Unidos, aunque en Brasil su asilamiento la hace pasar casi desapercibida, algo que no la incomoda, pero que pesa en su autoestima como un lastre creciente. Al final la convivencia se hace insoportable. Los médicos recomiendan a Elizabeth que se aleje de Lota por el bien de ésta. Regresa a Estados Unidos para trabajar en la universidad. Lota, aparentemente recuperada de su depresión, viaja para encontrarse con ella. Lo demás ya es conocido. Sí, como Sledge pone en boca de Bishop en esta magnífica novela, «La lectura es la mejor maestra. Fue la mía», no cabe duda de que la lectura de Cuanto más te debo, nos ayudará a comprender mejor las elucubraciones de la mente humano, de nuestra propia conciencia.

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