TOMAS Q. MORIN

DÍA DE LA CARRERA

Mientras nuestros amigos estaban estudiando las probabilidades,

vimos a los jinetes calentar sus monturas

¿Por qué en parejas? Un caballo nervioso necesita un amigo

para masajearlo y sacarlo desde el cercado a la puerta

donde debe esperar, tenso como el puño de Dios. Aflojadas las riendas

de repente en la recta trasera mantiene todo

ajustado hasta la última curva donde el cuerpo

cede a la titánica necesidad del músculo

poderoso, pero a pesar de que cada corredor

corre y brega, el grupo se descompone.

¿Cómo se sienten en la llegada? Uno no puede saberlo

pero después de que las apuestas se cobran y se dividen por la mitad,

cada caballo es conducido al vallado para manguerearle patas y cruz,

flanco y pezuña, donde la destemplada agua fría

sorprende al jadeante corazón del guarda.

 

Versión de Carlos Alcorta

 

 

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