jose maría álvarez

JOSE MARÍA ÁLVAREZ. SEEK TO KNOW NO MORE. CALLE DEL AIRE, 148. EDITORIAL RENACIMIENTO, 201 El gran proyecto creativo que supuso Museo de cera —un proyecto de la envergadura, salvando las distancias temporales y estéticas, del Cántico de Jorge Guillén, por ejemplo, y no muy frecuente en nuestras letras que no ha impedido al poeta simultanearlo además con la escritura de algunos de los libros mejores de la poesía española, como Tosigo ardento (1985) o El botín del mundo (1994) —, con siete ediciones desde 1974 hasta 2002, fecha de publicación de la última compilación, ha dado paso, siguiendo con las similitudes guilleneanas, a una segunda fase, una especie de Clamor, compuesto ya por títulos como Los decorados del olvido (2003), Sobre la delicadeza del gusto y la pasión (2006), Bebiendo el claro de Luna sobre las ruinas (2008), Los obscuros leopardos de la Luna (2010) y Como la luz de la Luna en un Martini (2013).

Esta pretensión de no saber más acerca de ¿la vida?, ¿del destino? que el título de su poemario más reciente —Seek to know no more—sugiere no se compadece muy bien con la escritura, que es siempre una búsqueda de conocimiento tanto de sí mismo como del mundo que rodea al autor, quizá en consonancia con los versos del poema número XV: «¿Ha tenido algún sentido/ tu vida?/ Acaso ni escribir./ Nada». No deja de resultar paradójico además, en alguien como José María Álvarez, que ha entregado su vida al arte, a la poesía, a la belleza («No hay nada en este mundo/ que valga tu belleza»), en suma. Sólo desde ese temor a lo desconocido que se va haciendo más evidente cuanto menor es el camino que queda por recorrer (al que es imposible no añadir el desencanto y el escepticismo ante los trágicos acontecimientos que una Europa mercantilista, sin esencia, es incapaz de poner freno: «Qué basura de época», escribe) puede concebirse esa aspiración al no saber, desmentido, por otra parte, en cada de los poemas que componen este libro, desde el primero de ellos, cuando escribe «Y ojalá que la dicha de esta hora/ descienda en mi vida como la noche en el día/ y fuera capaz de no sentir sino agradecimiento/ por sentirla, ser capaz de todo/ lo que la entenebrece desaparezca/ como la Primavera se llevará del mundo/ todo lo que es/ sombrío». Fiel a su costumbre de acompañar cada poema con epígrafes o citas de otros autores que refuerzan su propia escritura, por estas páginas transitan desde Quevedo a Gide, desde Al-Sarîf al-Radi a Stendhal o Lope de Stúñiga, un sin fin de autores a los que hay que añadir los que pululan por los propios versos, Kaavfis —siempre Kavafis—; Baudelaire, Rilke, Meleagro o Estratón son sólo algunos de ellos. Quizá sea Jorge Manrique, poeta al que está dedicado el libro, la influencia más manifiesta en un libro que rezuma sensualidad y optimismo, un canto a la belleza de los cuerpos ininterrumpido sobre el que, sin embargo, se cierne la amenazante sombra de la decrepitud y de la muerte (parafraseando al poeta castellano, el último poema de Seek to know no more comienza con estos versos: «… Sí, cómo/Se pasa la vida,/ cómo se viene la muerte/ tan callando»), pero en que también están presentes la violencia, la guerra, la destrucción y una visión despiadada del ser humano con la que noes difícil estar de acuerdo. «Ya no hay nada que hacer./ Sólo no ser uno de los asesinos», escribe. A pesar de este descrédito de la condición humana, a pesar de esta resignación tan justificada, José María Álvarez no renuncia a que sus poemas trasmitan la sensación de gozo de vivir, de que la búsqueda de la armonía existencial es un ideal por el que merece la pena sacrificarse y de que la poesía es la mejor tabla de salvación a la que aferrase cuando sopla el tormentoso viento de la iniquidad, del fanatismo y el terror. El estremecedor poema «XX (Imagen espantosa de la muerte)», en el que se aborda una cuestión que no ha perdido actualidad, la creencia de que la cultura nunca puede ir de la mano de la barbarie, muestra de manera ejemplar lo contrario. Se puede ser un asesino que gasea a millares de seres humanos mientras escucha a Mozart o a Bach. Sí, es obvio que se puede. Ejemplos sobran en la actualidad, pero también, afortunadamente, tenemos ejemplos de lo contrario, de seres solidarios que no han leído un libro o escuchado una sinfonía jamás, pero que arriesgan su vida por salvar a otros Por eso es tan importante desenmascarar a los impostores como apoyar a los limpios de espíritu. También en la literatura, en la poesía. José María Álvarez lo sabe bien, y su obra lo denuncia como debe hacer la poesía, con poemas viscerales y auténticos.

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