javier sánchez

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. CONFUSO LABERINTO. COL. LOS CUATRO VIENTOS. EDITORIAL RENACIMIENTO, 2016

 

De nuevo Javier Sánchez Menéndez, un discípulo aventajado de María Zambrano, remueve nuestra conciencia con un libro de reflexiones sobre la escritura, sobre el lugar primigenio en el que la propia identidad comienza a tomar forma, sobre la importancia de que la mirada no se quede en la superficie de las cosas y se adentre más allá de lo visible para descubrir la realidad más intensa y verdadera. Ya desde el primer fragmento, titulado «Sin ser yo mismo», la observación del paisaje obliga al autor a regresar a la patria de la infancia para hallar, sino la identidad en sí misma, ese desdoblamiento que el paso de los años ha facilitado: «Una forma de ser sin ser yo mismo». Y es que la escritura progresa con un vaivén similar al de las olas. Avanza y retrocede, afirma y niega, es irrefutable y, a la par, dubitativa, porque un «Confuso laberinto de seres y personas que ahogan mi cabeza», mantienen en vilo tanto al autor como al lector, como hace siempre la verdadera poesía, acaso porque «la confusión no es perplejidad, es el vagar de la poesía». La importancia de la mirada y la disposición del autor para ser recipiente, no sustancia, la voluntad de contemplar lo minúsculo, lo irrelevante para conformar esa identidad escurridiza son reclamos de este libro poliédrico.

La forma de mirar determina la forma de ser. «He aprendido a observar aquello que no se puede ver. Lo oculto y peligroso», escribe Sánchez Menéndez. Pero no es el único. En este Confuso laberinto —quinto de los diez libros que integran el ambicioso proyecto Fábula—reconocemos la presencia inquietante, siempre turbadora de la muerte en la figura del padre (en un viaje circular que vas dese el primer fragmento —«Sin ser yo mismo» hasta «El bastón de madera», una de las últimas composiciones), asistimos a la floración de la palabra poética: «La corrección es creación, pura esencia. La musa es el perfume, el trabajo, y la corrección la existencia». Un sabio consejo éste, el de reivindicar la necesidad de la corrección, que debiera leer más de un poeta y ponerlo en práctica.

Como en las anteriores entregas de este ciclo, una serie de presencias tutelares menudean por sus páginas. Poetas como Juan Ramón Jiménez inspiran fragmentos como los titulados «Linde», «Existencia» o «La azotea»; Rilke protagoniza esa fantasmagoría, esa alucinación que es el texto «La rosa»; el eco de Luis Rosales resuena en otros («La luz es Luis Rosales» o «Disciplina y urbanidad»).

Pero son muchos más. Este libro parece estar estimulado tanto los acontecimientos y emociones que brotan de la propia experiencia como de la que destilan las lecturas, porque «La lectura es creación». Poetas, filósofos y dramaturgos clásicos (Platón, Eurípides, Catulo, Virgilio), el tiempo de la indigencia moral heideggeriano, los imperecederos Dante y Borges o, sin ánimo de ser exhaustivo, Galdós, Kipling y Delibes.

Como no podía ser menos, en un proyecto de esta envergadura, los diferentes volúmenes que lo componen están interrelacionados. Así, en Confuso laberinto, no es infrecuente encontrar menciones a Kensington Park («Mafalda se ha encontrado con Betty Boop en Kensington Park», «En Londres mis paseos por Kensington los realizo con Barrie y con las sombras de la familia Llewelyn Davies. ¡Son tan inteligentes!» o «Ni Barrie era capaz de asimilar sus actos. Le turbaron los árboles de Kensington», que bien pudieran haber formado parte de Mediodía en Kensington Park (2015). La capacidad de Javier Sánchez Menéndez para la sugerencia va ligada a la ambigüedad semántica de muchas de sus conjeturas. Gracias a la fluidez del discurso, el lector asiste —sin ser acaso muy consciente, inmerso como llega a estar en una especie de sonambulismo lírico— a un derroche de intuición pura, en el que un hombre muestra sin arrobo sus turbaciones, sus inquietudes, sus dolencias y, también, y esto acaso sea lo más gratificante, su convicción en ese poder salvífico de la palabra tantas veces cuestionado. Toda una proeza, teniendo en cuenta los tiempos que vivimos.

Anuncios