DAVID HERNANDEZ

QUERIDA MUERTE

Capote. Tan gótico. Cavo surcos

ondulados como el agua del estanque cuando se mueve.

Las sombras cubren la ausencia de su cara.

Guadaña demasiado atrayente. La artesanía

del mango de madera, la suavidad de la lenta

curva. Tenía que consultarlo, se llamaba

manija (rima con ira), o manivela

(rima con bañera). Yo prefiero este último, la a

larga. Manija suena como una enfermedad infecciosa

que podría haber contraído si mi madre no hubiera estado allí

para alejarme de la alcantarilla, de grandes

charcos verdosos, de mosquitos

pululando sobre ellos. ¿De todas formas

cuántas veces los mosquitos hacen el trabajo sucio?

¿En comparación con las pulgas? ¿En comparación con la pólvora?

¿Estabas tan exhausto en Tōhoku

como el año pasado en Haití? Alguna vez has sentido

la sepia retorcerse de remordimiento? Tengo 77 preguntas

más para ti, más o menos, a menudo estás

en mis pensamientos. Ayer, mientras molía

granos de café. Mientras limpiaba de pelusas el filtro.

Cortando el cilantro. Comprando cartuchos de tinta.

Recortando mi barba. Podría seguir y seguir,

eres una leyenda en mi cabeza.

Funciona de esta manera: deslizo el cuchillo

sobre la tabla de cortar, el cilantro

se rasga en confeti, me acuerdo de mi madre

espolvoreando especias sobre un plato chileno, a continuación,

su voz el lunes «se me han dormido las piernas»,

«insuficiencia cardiaca congestiva», y falla,

mi mente avanza rápida cuando falla,

no puedo ayudarla, tu sujetas con la mano su vía intravenosa,

se la recolocas, y finaliza, su silencio comienza

a difundirse a través de las ondas, congela la habitación

La idea se apoderó de mí completamente, el cuchillo

se deslizaba todavía por encima de la tabla de madera.

Hablando en serio, capote. Tejido negro

de enfermo. He oído que si lo das la vuelta,

el mundo entero está bordado en el forro.

Versión de Carlos Alcorta