ROSE

ROSE AUSLÄNDER. AÚN QUEDA MUCHO POR DECIR. EDICIÓN BILINGÜE. TRADUCCIÓN DE NURIA MANZU BERNABÉU. POESÍASEXTOPISO, 2016

A pesar de todas las vicisitudes que padeció (sobrevivió entre otras cosas, al holocausto) no renunció a su vocación poética. Rose Ausländer pensaba que aún quedaba mucho por decir, aunque, sin duda, tanto la forma de decirlo como de enfrentarse a la realidad se vieron violentamente transformadas por esas circunstancias – a las que alude Adorno- que le tocaron en suerte y que son de todos conocidas. Rose Ausländer, nacida en la Bucovina del todavía vigente Imperio astrohúngaro (entre Rumanía y Ucrania actualmente) en 1901, de ascendencia judía, escribió en alemán (no renunció al idioma del horror) y en inglés una obra que tiene como ejes centrales la errancia, el desarraigo (tras la Segunda Guerra Mundial se trasladó a Estados Unidos —país que ya había visitado en 1921 en compañía del que fuera posteriormente su marido, Ignaz Ausländer— aunque regresó a Alemania en 1965), el sufrimiento, el dolor y la humillación («Nosotros los expulsados/ venimos de lugares/ desnutridos/ donde los ministros de la paz/ hambrearon»), pero también, como se puede comprobar en este libro, Aún queda mucho por decir, y conserva una profunda convicción en el poder salvífico de la palabra, aunque «Quién puede/ decir tanto/ como quiere».

Su obra es muy extensa, comienza con el libro Der Regenbogen (El arcoíris) en 1939. La ocupación nazi de Bucarest, ciudad en la que vivía la poeta por entonces, hizo que se mudara al gueto de Chernivtsi. Allí conoció a Paul Celan. Mucho más joven que ella, será, sin embargo, una influencia fundamental en la poesía que Ausländer escribirá a partir de ese momento, desprendida ya de la retórica decimonónica que predominaba en su primer libro. Nachtzauber (1956) será su siguiente poemario, pero el ritmo endemoniado de publicaciones lo inaugura con Blinder Sommer (1965). Desde este año hasta su muerte, acontecida en 1988, Rose Ausländer da a la imprenta más de veinte volúmenes, de los cuales están traducidos al español Mein Atem heißt jetzt , de 1981 editado por Igitur (Mi aliento se llama ahora y otros poemas, 2014) en traducción de Teresa Ruiz Rosas y José Ruiz Rosas y el libro objeto de este comentario, Aún queda mucho por decir (Es bleibt noch viel zu sagen, 1978), editado por Sexto Piso en su colección de poesía y traducido por Nuria Manzur Bernabéu (Ciudad de México, 1979).

La palabra en particular y la lengua en general son revisitadas con frecuencia en este libro, quizá como el único asidero posible al que aferrarse ante la debacle histórica que supuso la guerra y que continuó con la llamada Guerra Fría y la separación de Europa en dos bloques enfrentados ideológica y económicamente. El paisaje de su infancia y de su juventud se había convertido en el escenario de la confrontación y del terror. «Me consagro a tu servicio/ de por vida/ en ti quiero respirar// Tengo sed de ti/ te bebo palabra a palabra/ mi manantial», escribe en el poema titulado «LenguaII». No son éstas palabras circunstanciales, sobrantes, sino palabras alimento, como el aire que respira, palabras para explicar la propia identidad, palabras para decirse y comprenderse, palabras para escribir «Mandamiento»: «Un poema/ yace en la espera// Sin malicia yo paso/ de largo// Se arroja sobre mí/ susurra palabras/ en mi oído/ ordena: escribe». La sencillez estilística es una característica reseñable porque prueba que se puede alcanzar las más altas cotas de misterio, de altura emocional con palabras comunes, sin los artificios de los que se vale lo pretedidamente transcendental (con frecuencia, solo un batiburrillo de ideas no bien digeridas). Aunque no existen divisiones interiores en el libro y todos los poemas parecen manar de un mismo aliento, de una honda respiración, casi anacestral, de una meditación prolongada y serena sobre el sentido ultimo de la vida —una vida construida también con los detalles, con la secuencia rutinaria del día a día—, no es difíl percibir algunas subdivisones no siempre fieles a la propia ordenación de los poemas en las páginas. Hay poemas que, como hemos visto, indagan en la propia esencia del poema, pero las preguntas de caracter metafísico poseen también mucho protagionismo, como digo, sin necesidad de recurrir a imagenes de tinte surrealista o a descripciones esotéricas. Veámoslo en el poema titulado «Segundo»: «Cuánto tiempo/ se puede esperar// Un Segundo/ eternidad// lo siguiente/ es tiempo».

Ciudades (Jerusalén, Nueva York, Aviñon, Tubinga,) homenajes a pintores (Paul Klee, Chagall), a músicos (Bach) o a otros escritores , como en el poema titulado «Cinco poetas»: «Hölderlin/ guerrero de la justicia/ amigo de los dioses// Tralk/ su melancolia otoñal// Rilke/ quien a Dios crea// El desesperado Celan// Li-Tai-Po/ quien alegre/ canta» y, por supuesto, mucha memoria, mucho pasado, asumido sin afán de revancha pero llamando a las cosas por su nombre, denunciando los usos del olvido con la voz intemporal de quien ha padecido la barbarie, reclamando justicia y comprensión conforman este intense testimonio. Rose Ausländer parece ser consciente de que los efectos del griterío se difuminan con mayor facilidad en el aire del tiempo, por eso escribe como en susurros, como si hablara en voz baja. Y consigue que su mensaje cale en nosotros, sus lectores, más hondo. Arrimemos el oído y escuchemos con atención estas confidencias íntimas. Forman parte de los genes que nos identifican como seres humanos.

 

 

 

 

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