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MANUEL GUERRERO CABRERA. LAS SALINAS DEL ALIENTO. CUADERNOS DEL LABERINTO, 2015

Nacido en Lucena en 1980, Manuel Guerrero Cabrera es, además de profesor y poeta, un incansable y voluntarioso difusor cultural, implicado en múltiples proyectos, ya sea desde una emisora de radio, ya desde la Asociación Cultural Naufragio. Las salinas del aliento es su cuarto libro. Antes publicó El desnudo y la tormenta (2009), Loco afán (2011) y El fuego que no se extingue (2013). Los poemas de éste su más reciente libro —prologado por Luis Alberto de Cuenca— están impulsados por el nacimiento de su hija: «Desde que existes temo que te duela/ la herida de la vida», escribe. El libro está estructurado en tres partes en las que se intercalan poema amorosos, de contenido social y, sobre todo, de amor paternofilial, como este haiku: «Una colisión de nardos/ cubre a la niña./ Luna ahogada», aunque no falta además un sentido homenaje a sus amigos y maestros, el poema titulado «Esta no es mi voz». La poesía de Manuel Guerrero Cabrera está apegada al sentimiento, a la bondad, a la ternura, a la solidaridad. Es una poesía sencilla que sólo en escasas ocasiones ( «Hendido por el rayo en desaliento,/ la ceniza del tiempo quedará/ como un agrio recuerdo que me endulza/ el deseo imposible de la gloria») busca algo más que trasmitir felicidad o agradecimiento vital. Pretensiones absolutamente legítimas para que las una poesía desnuda, pendiente de lo cotidiano y carente de depuraciones retóricas, como la suya, es más que suficiente.

PEDRO ZABALÍA. ANTOLOGÍA POÉTICA.ILUSTRACIONES DE JACOBO GOIRÍA. LA NAVE DE EUTERPE, 2015

El 4 de diciembre de 2011 fallecía el poeta Pedro Zabalía, a los 65 años. Aunque nacido en Barros, Zabalía era un habitual del paisaje santanderino («Me fui a la ciudad para/ escribir mejor/ mis poemas») a quien no costaba encontrar por calles o garitos cuando no estaba recluido en algún hospital siquiátrico. Su salud mental fue, desde muy joven, quebradiza. Jesús Martínez Moro se pregunta en el prólogo a esta antología: «¿Cómo y en qué medida la enfermedad mental determinó la trayectoria literaria de Pedro Zabalía? El tríptico de amor para Segovia, los tres sonetos que dan comienzo a esta Antología, fueron escritos hacia 1970, años antes de que el mal se manifestase. Bellos poemas, hasta hoy inéditos, cuyo autor ya era un consumado poeta». No soy muy amigo de hacer especulaciones sobre cuestiones de imposible verificación, pero es evidente que los poemas de su primer libro publicado, Cantos al espíritu (1981) son muy distintos formalmente a lo sonetos iniciales, sometidos a unas reglas concretas. Ahora, aunque la religiosidad siga estando muy presente, el verso presenta mayor soltura cercana, en alguna ocasión, a la letanía. Entre Presagios y conjuros (1982), libro que habla de pensiones miserables, de temores, de angustia de vivir a Sonata en sombra (1993) hay una apertura temática —que no formal, porque los poemas son, en su mayoría, de arte menor— hacia horizontes que van más allá del propio yo. «Es necesario/ vivir, vivir, vivir.», sí, pero prestando atención a lo que nos rodea, degustando esa mezcla de drama y comedia que es la vida sin ensimismarse en la propia frustración, disfrutando de los contrastes, tanto es así, que su siguiente libro se titula El libro de la felicidad (1995), un título engañoso, porque subyace en él la nostalgia («Hubo un valle/ una vez/ en que todo era alegre y claro.// Veinte años estuve en él,/ no conocí la ciudad.// Ahora después de otros tantos veinte años/ he vuelto al vallecito/ y he llorado sobre él» y el abatimiento, la constatación de la fragilidad humana. Las deudas como lector de Zabalía van desde Berceo a Milton, desde Verlaine y Rimbaud a San Juan de la Cruz, desde Freud a Artaud. Cantos proféticos (1998) fue su último libro publicado. «El autor —escribe Jesús Martínez Moro— había recaído bajo la sugestión poderosa de las alucinaciones que llegaban desde el más allá». Los últimos poemas suyos que pudimos leer datan de 2008, cuando la revista Anémona publicó dos fragmentos de un poemario inédito titulado Homenaje del que no se recoge muestra alguna en esta antología, necesaria para descubrir a los más jóvenes a un poeta consciente de sus limitaciones y también del valor de la poesía como tabla de salvación.

RAFAEL ALONSO PICA. LA MAREJADA DE LOS SEDIENTOS. PREMIO AOLFO UTOR ACEVEDO. CASA DE ANDALUCÍA EN DENIA, 2015

La marejada de los sedientos es el primer libro publicado por Rafael Alonso Pica (Puerto Real, 1963), aunque el autor, residente desde hace muchos años en A Coruña, donde ejerce como profesor, trasluce en sus poemas una madurez que nada tiene que ver con la de un principiante. Los poemas de Alonso poseen un cierto tono del primer Machado, un tono noventayochista, escritos con una retórica neoclásica y construidos con un armazón muy sólido. La marejada de los sedientos, más que un libro unitario, parece ser una recopilación de poemas escritos, sin duda, en épocas distantes, aunque un mismo aliento descriptivo, atento a los detalles más nimios («Zaguán solitario, secreto espía goloso,/ que en la atávica celada de los pucheros,/ flor de las cocinas, cifra su alta alquimia,/ en la triste cábala del que almuerza solo»), un lenguaje plagado de localismos y un gusto extremo por el adjetivo— un riesgo que a veces hace caer al poema en ciertas vaguedades prescindibles— («Comején, suspicacia de traidor, reclamo de la celada/ ardor criadero que bautiza la cercanía del feliz momento./ Sospecha en balde, inminente hervor cercano, anhelo/ tórrido, cálida arena de playa, tensa lengua llena de sal…»), confiera unidad y visión propia al conjunto. Un libro que aborda muchos temas, la emigración, el desempleo, la vida en el campo, la infancia, el paso del tiempo, todas aquellas cosas, en fin, que forman parte de la vida de un hombre que recurre a la escritura para paliar de algún modo los efectos de la pérdida.

 

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