HENRI COLE

CARPA DE FIESTA

Los empleados de la carpa llegaron portando mazos

eran lo suficientemente jóvenes como para ser mis hijos.

Después de desenrollar la lona, clavaron varillas

en la tierra, jadeando y refunfuñando, dando un mazazo tras otro.

Cuando levantaron el mástil central, se erigió la carpa,

con cuerdas tirantes, y sentí mi corazón acelerarse,

mi corazón que no es más que un nervio especializado

que nutre mi mente.

Un día, los enterradores naturales

—escarabajos, gusanos y moscas embotelladas— lo llevarán

hacia el sol. Mañana, después de quitar la tienda,

un equipo eliminará el césped dañado,

aireará lo que está debajo, y aplicará un fertilizante

de nueva tierra arenosa. Como notas musicales o formaciones

de rock, todo será olvidado.

Versión de Carlos Alcorta

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