ub. la cruz del sur

 

MOYA CANNON. AVES DE INVIERNO Y OTROS POEMAS. EDICIÓN DE JORGE FONDEBRIDER. COLECCIÓN LA CRUZ DEL SUR. EDITORIAL PRE-TEXTOS, 2015

 

«La arqueología de la emoción» titula Jorge Fondebrider las breves palabras que sirven de introducción a la antología de la obra poética de Moya Cannon, nacida en Dunfanaghy, Condado de Donegal, Irlanda, en 1956, y es posible que la palabra «arqueología» tenga mucho que ver con el hecho, como escribe Fondebrider, «de haber nacido en el seno de una familia fiel al gaélico y por haber crecido en un lugar así». No obstante, la propia autora explica sus antecedentes: «Mis padres estaban interesados en el renacimiento de la lengua gaélica o irlandés, como lo llamamos aquí, de modo que mi lengua materna fue el irlandés y aprendí el inglés poco antes de empezar la escuela». Lo qué ha llevado a Moya Cannon a escribir en inglés debemos deducirlo de estas palabras o, acaso, por más determinantes, de estas otras: «Jamás pensé en hacerme escritora. La poesía me ocurrió cerca de mis veinte años, mientras atravesaba la acostumbrada e inarticulada turbulencia de convertirme en adulta […] Ningún escritor elige su tema. El tema lo elige a uno».

Aves de invierno y otros poemas recoge poemas de todos sus libros, no muchos, quizá porque el primero de ellos, Oar, data de 1990, es decir, cuando la autora contaba 34 años. La voz de la tierra parece resurgir en estos poemas. «Emergiendo de un lenguaje que desaparece,/ la palabra se hace presente cuando se la necesita». La lengua vernácula («Oscura lengua materna,/ rescátame,/ me arrastran a mundos atroces/ donde no hay dolor o inocencia,/ sólo las pequeñas penas silenciosas/ y las elegantes alegrías del poder») es reivindicada como raíz de un sentimiento que no se reduce a la mera geografía, por más que sean muchos los topónimos referenciales en estos poemas, sino a una forma de ser y de ver el mundo. A través del lenguaje, de las palabras se conserva la memoria y se difunde el pasado, quizá porque «En una carretilla rebosante, debajo del sol tardío de junio,/ las últimas paladas se vuelven oro pálido./ Hablan con silenciosa compasión». El poder evocativo de estos versos es innegable. El poema indaga no sólo en la memoria personal, sino en la colectiva. Historias cotidianas, propias de un pasado rural, imbricadas con acontecimientos de la Historia con mayúsculas, se suceden en un escenario en el que la naturaleza nunca es secundaria. Avellanas, piedras, arroyos, fresnos, anguilas, colinas, robles, agua, nieve o barro menudean en los versos. «Viviendo en Dublín, donde había estudiado y enseñado durante varios años, creí que la poesía que escribiría sería urbana, punzante, vagamente de izquierda y contemporánea. Pero la imaginería que me venía era la de la costas, los promontorios y las montañas que había conocido de niña».

Hubo que esperar hasta 1997 para leer el segundo libro de Moya Cannon, The Parchment Boat, en el que el peso de la tradición sigue siendo importantísimo, como ocurre en el poema titulado «Crannóg», cuyos últimos versos transcribimos: «A una atribulada parte de nosotros le resulta familiar/ la gente que trazó un círculo en el agua,/ cargó botes con piedra/ y erigió una isla seca y un fuerte/ con todo un lago por foso» y la mitificación de la lengua no pierde intensidad: «Nuestra lengua dependía de las mareas;/ erosionaba los acantilados de cuarcita, / una larga y tediosa campaña,/ y barría las playas, sobre la arena, algas, piedras».

Carrying the Songs: New and Selected Poems, una antología que recoge sus dos libros precedentes con el añadido de poemas inéditos, es de 2007 y Hands, el último libro publicado hasta la fecha, es de 2011. Como se puede colegir, Cannon es una poeta de ritmo parsimonioso, aunque sostenido, muy atenta a cualquier variación del entorno, que retrata con minuciosidad hasta el más mínimo detalle, generalmente visto desde una perspectiva inédita, de carácter personal en versos donde conviven el prosaísmo con lo onírico, lo simbólico y lo circunstancial, quizá porque, como escribe con una sensibilidad casi japonesa, «Algunas cosas no pueden ser encerradas en palabras,/ los estorninos sobre un río de octubre, por ejemplo». Cada libro Moya Cannon añade nuevos significados a los estratos que fragmentan la memoria. Cada poema es un peldaño que se hunde en la raíz y, a la vez, asciende hasta ese lugar fronterizo, origen del arte, donde la luz se convierte en sombra.

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