MARIO AMOROS

 

MARIO AMORÓS. NERUDA. EL PRÍNCIPE DE LOS POETAS. EDICIONES B, 2015

Mario Amorós es un reconocido especialista en la historia contemporánea de Chile y a dicho país, así como a algunos de sus personajes más ilustres, ha dedicado centenares de páginas en las que se combinan sabiamente pasión y erudición. Quizá esta biografía nerudiana sea el culmen de todos esos estudios, de los que señalaremos los más relevantes: Compañero Presidente. Salvador Allende, una vida por la democracia y el socialismo (2008), Sombras sobre Isla Negra. La misteriosa muerte de Pablo Neruda (2012) o el más reciente, Allende, la biografía, claro antecedente del libro que comentamos. Son innumerables, además, los artículos que ha dedicado a la figura del Nobel chileno («Neruda comunista», 2015); «El caso Neruda en una encrucijada decisiva» 2012 o «Una muerte envuelta en misterio, 2012»), lo que, sin duda, le sitúa en una posición inmejorable para escribir una biografía como esta, documentada hasta extremos insospechados —tiene más de 1600 notas a pie de página— y narrada con un estilo ágil que contribuye a enganchar al lector en la, ya de por sí, seductora biografía de un poeta que nunca estuvo encerrado en la torre de marfil, un poeta que fue mucho más que eso, porque fue un hombre comprometido con su época y con las clases más desfavorecidas. Sin embargo, la presente biografía se escora, desde mi punto de vista, en exceso hacia este aspecto de su vida, relevante como pocos, eso nadie lo pone en duda, pero la actividad social y política no puede, porque sería faltar a la verdad, minusvalorar su poesía, su gran obra en marcha, o dejarla a un lado, entre otras cosas porque, sin negar, como decíamos, la enorme labor política que realizó en distintos momentos de su vida como cónsul, como embajador, como senador o como miembro del Partido Comunista chileno —no está de más recordar su empeño, siendo Cónsul para la Emigración Española, en fletar el Winnipeg, buque en el que consiguió embarcar a más de 2000 mil republicanos españoles con destino a Chile—, Neruda ha pasado a la historia por sus poemas. Muchos de sus libros figuran entre las grandes obras universales: Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Residencia en la tierra, Odas elementales o Canto general, por ejemplo, y, desde mi punto de vista se literaturizan en exceso proclamas, discursos y alegatos, imprescindibles, por otra parte, para conocer las penurias y la difícil supervivencia a la que estaban sometidos, tanto su familia, como los trabajadores más pobres, así como para conocer el ambiente hostil que la burguesía chilena propiciaba ante el más mínimo atisbo de un cambio que supusiera un detrimento en sus prebendas («yo he querido ser un cronista de mi tiempo. Es uno de los deberes del poeta» escribe en Las uvas y el viento), pero echo en falta versos y poemas que contextualicen los hitos más significativos de su vida. No pondría ninguna objeción —como mero lector de Neruda que soy, otra cosa serán los desacuerdos que acrediten los especialistas en su obra y, lo que es lo mismo, en su vida, porque en muy pocos casos se da un simbiosis tan profunda entre una y otra como el caso de Neruda— si el volumen se hubiera subtitulado Una biografía política, pero el epígrafe que la clarifica dista mucho de hacerlo, de hecho expresa todo lo contrario: El príncipe de los poetas, enunciado que, sin faltar a la verdad, es claramente parcial.

La última parte del libro se centra en la polémica, aún no cerrada, de las causas de la muerte de Pablo Neruda. Se recogen testimonios, muchos de ellos contradictorios sobre el estado de salud del poeta en los días previos a su fallecimiento, aparecen personajes sospechosos, como el fantasmal Price, se detallan los cambios de parecer del poeta sobre su marcha a México o las impresiones del embajador de Suecia. La exposición de los hechos no se decanta abiertamente por ninguna posibilidad, y digo abiertamente, porque sí me da la impresión de que, con extrema sutileza, se van dejando pistas que abundan en la teoría del asesinato: «En las conclusiones —escribe Mario Amorós—, el documento del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior apunta claramente: «Desde el punto de vista probatorio, es posible concluir que, si bien D. Pablo Neruda padecía un cáncer de próstata, el cual había deteriorado seriamente su estado de salud, asimismo, no se estableció en su momento, ni tampoco durante el curso de la investigación que la muerte se haya producido a consecuencia del cáncer que sufría. De los hechos acreditados en el expediente, resulta claramente posible y altamente probable la intervención de terceros en la muerte de D. Pablo Neruda». Jorge Edwards, amigo y biógrafo del poeta, sin embargo, se muestra más escéptico sobre el particular cuando se pregunta: «¿Quién puede tener interés en asesinar a un moribundo» En cualquier caso, y falta, a día de hoy, de datos concluyentes, creo que palabras como las de Vargas Llosa: «Ignoro las circunstancias de su muerte, pero a buen seguro que en ella habrán influido las horas sombrías que está atravesando su patria» o las de Eduardo Galeano: «La muerte de Neruda fue trabajada por el cáncer, por la edad y por el cáncer instaurado en Chile: el gobierno de Pinochet» encierran una verdad irrefutable.

El enorme trabajo de investigación que ha llevado a cabo Amorós y el uso consecuente de las fuentes documentales —los trabajos de David Schidlowsky en archivos ministeriales son un buen ejemplo— y la versatilidad a la hora de emplearlos con una ambición divulgativa, bien pude proporcionarle las bases para llevar a cabo una biografía de carácter poético, empeño en el que, por otra parte, lleva años trabajando Hernán Loyola. El primer volumen de los tres previstos, Neruda. Biografía literaria (2006) abarca la primera etapa creativa del poeta, hasta el año 35 . Con ambas perspectivas, el retrato sería, sin duda, mucho más fiel al rostro verdadero del retratado. Al menos así lo percibo yo cuando, entre sus propios versos, le miro fijamente a los ojos.

 

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