IMG_20160124_195530103_HDR

 

JAVIER HUERTA CALVO. GERARDO DIEGO Y LA ESCUELA DE ASTORGA. CENTRO DE ESTUDIOS ARTORGANOS. FUNDACIÓN GERARDO DIEGO, 2015

A medida que leía las páginas de este voluminoso libro, mi interés se iba paulatinamente acrecentando, porque el argumento sobre el que se asienta es más seductor que la mayoría de las novelas que la publicidad nos presenta como tales. Aquí se desmenuza la urdimbre de una amistad múltiple entre poetas, entre escritores, durante una época convulsa de nuestra historia, los diferentes caminos que siguieron cada uno de ellos y los variados destinos que el futuro les tenía reservados. La realidad, en muchos casos, supera las expectativas de la mejor novela, no hay más que leer los avatares de estos jóvenes astorganos con intereses literarios que buscan en el apoyo y el estímulo del maestro la confirmación de sus expectativas, unos jóvenes que no dudan en soliviantar la habitual atonía de una pequeña ciudad de provincias con folletos o revistas satíricas que encrespan los ánimos de las fuerzas vivas de la ciudad. Gerardo Diego, que con posterioridad a dichos furores líricos, ejerció como mentor, sabía mucho de irreverencias, basta con leer su Carmen y la vivaracha compañera Lola (1927) para verificarlo.

La Escuela de Astorga es un término que Gerardo Diego creo para referirse a un grupo de amigos originarios en dicha ciudad episcopal, un grupo formado por los hermanos Panero, Juan y Leopoldo, Ricardo Gullón y Luis Alonso Luengo. El estudio preliminar a cargo de Javier Huerta Calvo nos ofrece una información exhaustiva sobre la gestación de los diferentes proyectos que emprendieron estos cuatro jóvenes. «En primer lugar —aclara Huerta Calvo—, se recogen [este libro] los escritos astorganos de Gerardo Diego: las fundacionales que publicó como “terceras” de ABC, algunos sobre la obra de Gullón y unos cuantos en torno de la poesía y la prosa de Leopoldo Panero», incluyendo, además, la sección «Jardín de Astorga» de su libro Paisaje con figuras.

En la segunda parte, en recíproca suerte, se recogen los escritos que dedicaron al maestro los miembros de dicha Escuela: Luis Alonso Luengo, Ricardo Gullón y Leopoldo Panero. También dichos miembros se prestaron atención mutua en diferentes escritos, unos de carácter evocador o memoralístico y otros de intención crítica, de obligada lectura para entender el esfuerzo común por hacerse un hueco en el panorama lírico de la época. Todos ellos están recogidos en la sección tercera del volumen. «Finalmente, en la cuarta parte va la correspondencia que hemos podido localizar de los escritores de la Escuela con Gerardo Diego; y la que sostuvieron entre sí Luis, Ricardo, Juan y Leopoldo». Por último, el volumen se completa con varias páginas de ilustraciones que ayudan a contextualizar los diferentes textos.

Javier Huerta Calvo describe el ambiente cultural que animaba la vida de Astorga, enlazando las actividades culturales con el patrimonio artístico de la ciudad que, como es sabido por todos, posee algunas joyas del arte religioso, como la catedral o el seminario diocesano. Enumera los diferentes proyectos literarios que, con más voluntad que medios, no pasan de tener una vida muy efímera: La Saeta o la revista Humo, así como las primeras publicaciones de cada uno de ellos, las novelas y ensayos críticos de Gullón y los poemarios de los hermanos Panero.

El primer encuentro entre Gerardo Diego y los Panero tiene lugar durante un homenaje que se le tributa a Vicente Aleixandre con motivo del Premio Nacional de Literatura por su libro La destrucción o el amor, en 1935, pero la primera vez que Diego visitó Astorga fue en 1940, en una visita de pocos días. Fue en 1942 cuando, por los avatares de la Guerra Mundial y la enfermedad de Elena, la hija mayor del poeta, deciden ir a pasar las vacaciones estivales a la ciudad leonesa. En dicha estancia se acabó de fraguar la amistad de la Escuela de Astorga con el poeta, sin embargo, no será hasta 1948 cuando, Diego titula una tercera de ABC así: «Escuela de Astorga», termino que se afianzó con el paso del tiempo y ha dado pie a Javier Huerta Calvo a escribir una ensayo que logra combinar con sabiduría amenidad y erudición, algo no tan frecuente como debiera. No nos queda más que resalta la labor que la Fundación Gerardo Diego viene realizando en pro del estudio de la obra de Gerardo Diego en cualquiera de sus aspectos, por recónditos que sean. Un verdadero ejemplo de tenacidad y buen hacer que nos gustaría que proliferara.

 

Anuncios