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JOSE MANUEL BENÍTEZ ARIZA. NOSOTROS LOS DE ENTONCES (POESÍA AMATORIA 1984-2015). LA ISLA DE SILTOLÁ, 2015

 

En Casa en construcción (2007), José Manuel Benítez Ariza mostró una antología de su poesía escrita hasta la fecha (posteriormente han visto la luz Diario de Benaocaz, en 2010 y Panorama y perfil, en 2014). Era esta un antología de carácter general. Por el contrario, en Nosotros los de entonces, la selección es de orden temático. El amor es el núcleo sobre el que gravitan los poemas escogidos., aunque, como es fácil suponer, son distintas formas de entender el amor, de gozar o de sufrir el amor, de experimentarlo, en suma, las que concitan la escritura. De hecho, el magnífico prólogo que Benítez Ariza ha escrito para la ocasión, «Por qué lo llaman “amor”» es suficientemente ilustrativo en este aspecto. La poesía amorosa, escribe, «es uno de los grandes temas sin los que no puede concebirse la poesía misma, pero también uno de los que admiten una expresión histórica y socialmente más circunstanciada,y por tanto, corre siempre el riesgo de volverse incomprensible o ridícula para lectores de otras épocas, o de ser sólo relevante para el poeta enamorado que la escribe o para el lector que la lee desde esa transitoria condición o desde una benevolente reconstrucción imaginaria o recordada de la misma». Uno no puede estar más que de acuerdo con esos riesgos a los que alude porque la poesía de carácter amoroso es, junto con la poesía social, la más proclive a la sensiblería y a la llamada falacia patética. ¿Quién no ha sentido alguna vez la necesidad de expresar su enamoramiento con palabras, supuestamente, sublimes? Sin embargo, esas palabras, esos versos a los que su entramado de relaciones ha dado lugar, casi nunca llegan a ser más que desahogos carentes de la más mínima cualidad literaria o poética.  En cualquier caso, Benítez Ariza es un poeta, un escritor, exigente y escrupuloso que jamás se permitiría caer en ninguno de esos riesgos a los que aludíamos. Las prevenciones son, aquí, innecesarias.

La particular ordenación de los poemas de este libro busca, más que describir las distintas fases de un proceso de enamoramiento casi intemporal, como si fuera un presente continuo, un concepto de amor que confiera unidad al sentimiento, por esa razón, el autor ha distribuido los poemas del libro siguiendo «el doble relato que construyen en su simultaneidad la sucesión histórica de los asuntos a los que se refieren los poemas y la ordenación a posteriori de esos mismos poema en función del enfoque que hacen de esos asuntos». Esta ordenación a los que nos referimos, absolutamente personal, ha permitido al poeta insertar poemas de un libro inédito, La intemperie, que encajan a la perfección con el resto de los poemas. De hecho, si no fuera por las precisiones que el índice señala, el lector no sería capaz de diferenciarlos, ano ser que escrutara libro por libro la obra poética de nuestro autor, compuesta por una decena de títulos, entre los que se encuentran, además de los ya citados, Las amigas (1991), Malos pensamientos (1994), Los extraños (1998) o Cuatro nocturnos (2004).

La poesía amorosa está plagada de deseos insatisfechos («al desear/ intensamente estar otra vez al principio/ de aquella misma tarde…»; «…las personas que uno quiso/ (o mejor: deseó) sin posibilidades,…»), de logros cumplidos a medias («Lo peor, no saber hasta qué punto/ tu vida te parece el resultado/ de dos o tres propósitos que amenazan cumplirse/ o, más bien, de la expresa renuncia a todos ellos…»), de ruegos («Y cómo amarte, amor, desde esa incertidumbre,/ desconociéndote otra vez, sabiéndote/ parte del mundo del que espero todo,/ del mundo que lo niega todo a veces»), de anhelos («Dormirte en el deseo y encontrarte/ en sueños con quien presta su calor/ a tu vaga conciencia de su proximidad» y de sueños («El fuego fatuo de los sueños/ que quema sin quemar cuando lo tocas».) Sólo en contadas ocasiones, una relación consumada da lugar a la escritura y aquí tenemos un excelente ejemplo de ello: el poema «Imitación de Propercio», uno de los mejores de un libro plagado de buenos poemas. De todo esto hay en la poesía de Benítez Ariza, una poesía discursiva, coloquial, cercana, conversacional incluso, porque las experiencias que analizan los poemas son de índole privada, pero, a la vez, son tan comunes, tan universales, que cualquier lector puede verse a sí mismo en cada verso. Acaso sea esta la mejor recompensa a la que puede aspirar un poeta.

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