MARY MERIAM

ROMANCE DE LA EDAD MEDIA

Ahora que tengo cincuenta años, déjame ducharme

por la noche, sin luz, con los ojos cerrados. Y déjame nadar

furtivamente. Mi piel está tatuada con horas

y días y décadas, de cabeza a los pies, de tan fina

es sólo una fotografía descolorida. Es extraño

cómo la gente mira hacia otro lado a quien antes admiraba.

No sabía que me sometería a este cambio

para ser la cubierta invisible de un libro

cuyo argumento, aunque banal, le proporciona más volumen.

Por los placeres de la mente y el corazón

se llega a contrarrestar más rápido la pérdida

de conocimiento. Uno siente que reviven antiguas urgencias,

aunque todavía me arranco los pelos de la barbilla con una pinza,

en el caso de que pudiera llamar la atención de otro anciano.

Versión de Carlos Alcorta

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