TONY HOAGLAND

ECONÓMICO

El camarero del restaurante de lujo
recibe una propina de nueve dólares para servir un vaso de vino.
La camarera del tugurio
recibe un dólar veinticinco por servir

tres platos de huevos revueltos con croquetas de cebolla,
tostadas, tocino canadiense, galletas y salsa,
más medios zumos para dos y café para todos.

Esta es la condición de la que hablaba Marx,
la que ha forjado un mundo deforme,
cuyas normas obedeces,

—cuando llega la cuenta,
y la tarjeta de crédito es aceptada,
y sobresale el recibo de su pequeña lengua

y sientes ese pequeño escalofrío que viene
siempre tanto de la parte superior

como del vestíbulo de entrada del restaurante, Andre

le desea una buena noche, señor, de verdad,
y entrechoca sus talones;
en la fonda, cuando nadie observa,

la camarera friega una mancha en la mesa
y se ríe de algo
pero nadie la oye.

 

Versión de Carlos Alcorta

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