MARK LEVINE

ENTONCES

Nuestro ahorro construyó un cobertizo

en el cual almacenar

nuestros juegos. Veo un cielo.

Una nube hecha por la mano de un carpintero.

 

Veo un cobertizo,

un asunto cotidiano con tableros

de partículas y bisagras de acero.

Todos nosotros en posición de firmes, sintiéndonos

—mi familia y yo—

(y yo era más joven y nosotros estábamos todavía allí)

como propietarios. Dueños

de un patio.

 

Vi una fuente, cuya

agua se filtra en otro lugar.

 

Entonces había escaleras para esconderse debajo de ellas

con las termitas.

Mira: yo no era YA ese joven. Había

hecho algunas cosas moralmente

reprochables, incluso otras. Nos mantuvimos

firmes en el cobertizo al final del día entre

baldas y ganchos de seguridad y casi

estupefactos. Hay un instante,

un instante antes de la filtración.

 

Veo un instrumento

abandonado sobre la hierba como un nuevo pensamiento

pintado durante la noche

con pintura fluorescente.

 

No me vi obligado a dejar ese lugar, pero lo hice.

Todos lo dejamos. Cada uno

por diferentes motivos (extractivo/ amargo/ cesante/ elaborado)

y el propio patio amortiguó la noche.

La decision de mi padre fue:

Vamos. Eso fue

cuando ellos se lo usurparon.

Y arrancó el césped con sus uñas.

Y encontró un laberinto de pasadizos

repletos de mierda. La cual luego fue vendida,

más que subastada.

Entonces miró, cómplice.

Y cómo lo soportó.

 

Versión de Carlos Alcorta

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