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LA NECESIDAD Y LA ESPERANZA. POESÍA ACTUAL EN LENGUA CATALANA. EDICIÓN DE ALFONS NAVARRET. LIBROS DEL AIRE, 2015

 

Cuando se tiene intención de editar una antología, no estaría de más colocar como frontispicio en la mente estos versos que Cervantes escribió en su Viaje del Parnaso:

 

Unos, porque los puse me abominan;

                        otros, porque he dejado de ponellos

                        de darme pesadumbre determinan.

Yo no sé cómo me avendré con ellos;

los puestos se lamentan, los no puestos

gritan, yo tiemblo destos y de aquello.

 

podría el antólogo evitarse así, amparándose en ellos, recriminaciones y críticas no siempre bien intencionadas, porque toda antología conlleva tomar partido,. Alfons Navarret lo dice en el prólogo: «por muy extensa que se pretenda, debern a﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽a ser una reduccienda, deber una antologtes á por fuerza ser una reducción de la realidad a unas dimensiones que permitan controlarla y darnos una perspectiva de conjunto» .La necesidad y la esperanza. Poesía actual en lengua catalana, a pesar de las advertencias de su antólogo, no se librará de reproches, aunque suponemos que, si se pretende ser objetivo, cosechará también numerosos elogios por su amplitud de miras y por la variedad de estéticas que representan los nombres elegidos, la mayoría de ellos desconocidos para el lector en castellano. Esta es acaso una de las mayores virtudes de dicha antología, ofrecer un amplio panorama de la poesía en catalán (como se verá, se ha pretendido, creo que deliberadamente, no denominarla con un adjetivo más reduccionista) que sirva de escaparate para los lectores del resto del Estado. Por otra parte, el antólogo ha utilizado un criterio novedoso para incorporar a los elegidos, novedoso, pero no exento de riesgos, porque la aparente objetividad se ve mermada no tanto por el criterio de búsqueda, sino por los «accidentes» que la condicionan, geográficos, amicales, grupales, profesionales, de cualificación, etc. (el ejemplo de las encuestas preelectorales y de los muestrarios a pie de urna no resulta inoportuno). «Hemos creado –escribe AlfonsNavarret- un procedimiento que, si bien no nos asegura una infalibilidad rotunda, sí que previene, por lo menos en parte, el subjetivismo del seleccionador, y esto se ha conseguido estableciendo un criterio de selección que se ha intentado como objetivo, y que es el siguiente: serían los propios autores, como lectores y profesionales de la escritura, los que han tenido la oportunidad de seleccionar aquellos poetas que más les han gustado, siempre partiendo de la imposibilidad de poder ver su propia obra y de ver los detalles de los autores cuyos poemas estaban leyendo (confieso que no entiendo muy bien estas últimas premisas). A partir de un sistema de votación decreciente, se ha ido estableciendo una clasificación de los poetas mejor valorados por sus coetáneos. Sin embargo, sí que hemos cedido a un criterio un poco más subjetivo, y se trata de la presencia de mujeres en la antología». No seré yo quien se oponga a la presencia femenina, por supuesto, pero preferiría utilizar otros criterios de selección distintos a los que se guían exclusivamente por el género, sobre todo atendiendo a la cantidad y, principalmente, a la calidad de muchas de las poetas más jóvenes. No cabe ninguna duda que gran parte de la mejor poesía que se escribe hoy dentro de nuestras fronteras la están escribiendo mujeres. Este requisito debiera ser suficiente para incluirlas en ésta o en cualquier otra antología. Solventados estos escollos iniciales nos encontramos, antes de comenzar a leer propiamente a los poetas, con otro requisito previo, «hemos intentado –escribe Navarret- crear una segunda paridad, de modo que pudiéramos leer a un representante de cada territorio como mínimo, siempre que no fuera a costa de sacrificar el criterio establecido desde el inicio, que es el de haber obtenido el apoyo de un número de poetas importante». Desde luego, si el antólogo ha sido capaz de conciliar estas premisas, su trabajo merece, además del propiamente poético, un reconocimiento por su demostrada destreza a la hora de operar con razones y proporciones.

Centrándonos en lo verdaderamente importante de toda antología, los poetas, lo primero que debemos reseñar es que todos ellos han nacido en el entorno de 1978, una fecha simbólica, porque se aprueba la Constitución española que pone fin definitivo a la los largos años de dictadura.Esta bisagra virtual sirve como eje aglutinador, aunque entre el mayor, Juli Capila, nacido en 1970 y Sara Bailac Ardanuy o Blanca Llum Vidal, ambas nacidas en 1986, hay suficiente distancia temporal como para que pertenezcan a generaciones diferentes y esta circunstancia no pasará desapercibida al lector. La madurez de los poetas mayores –además de Capila, nacieron en la década de los 70 el grueso de los dieciséis poetas seleccionados, Christelle Enguix(1971), Raquel Casas Agustí (1974), Manel Marí (1975), Josep Porcar (1973), Ivan Brull Pons (1978), Alfons Navarret (1974), Ibon Leon (1975), Meritxell Cucurella-Jorba (1973) y Joan M. Navarro i Miralles (1975) se percibe en unas obras que poseen una voz perfectamente definida en la gran mayoría de los casos, con una serie de rasgos comunes como son la ironía, la falta de prejuicios no tanto formales como semánticos («hacer poemas es también/ hacer el amor con el lenguaje» escribe Ángels Gregori Parra), la desconfianza en la utilidad de las palabras («Pensabas que tenía un valor creciente,/ la palabra.  Que generaban ganancias,/ las fluctuantes operaciones de intercambio/ y las transferencias a las arcas de la vida.// Finalmente te das cuenta de las ventajas/ de bloquear ciertas cuentas./ La altísima rentabilidad/ que tiene un silencio», escribe Enguix), la vulnerabilidad existencial, el uso de analogías poco frecuentes, algo que enriquece de manera notable las posibilidades del idioma: «Comer lo que ninguna palabra dice/ y así escribir, con la boca llena», sugiere Mireia Calafell en el poema titulado «Poética», las indagaciones sobre el yo, sobre la identidad. «Me atrae extrañamente todo aquello que hiere…Me atrae y no quiero renunciar a la dosis autodestructiva que me habita: sedarse es peor que herirse y yo prefiero la sangre a los ansiolíticos» escribe Bailac. No faltan tampoco los poeta que encuentran en el paisaje el correlato para transcribir sus emociones, sus estados de ser: «Como la lluvia, cae la soledad,/ teñida por los muros de cansancio azul», escribe Alfosn Navarret o el titulado «Un hombre solo» de Capila. Cercano a la sensibilidad oriental se encuentra Ibon Leon, del que se seleccionan varios tankas tan sugerentes como éste: «Un petirrojo danza,/ bajo la sombra de un sauce/ olor de tierra./ Atentamente me miras,/ mientras se inaugura el día». Un carácter más vanguardista tiene la poesía de Cucurella-Jorba, que juega con la disposición de las palabras sobre la página y construye una especie de esculturas verbales, como en el poema «Sitio» que comienza con estos versos: «Poema hueco Abertura que atraviesa un cuerpo o dos o se introduce a sí mismo. (El fondo es noche incierta)». Una poesía  desnuda, sin adornos retóricos practica Lucia Pietrelli. Su origen italiano le permite escribir tanto en ese idioma como en castellano y en catalán.  Crisis de identidad y el reconocimiento del cuerpo como campo de batalla son algunos de sus temas predilectos, como deja entrever el poema «Anatomía XV». La antología finaliza con Joan M. Navarro i Miralles, dueño de un decir personalísimo, de una poesía de largo aliento profusamente denotativa que lucha contra la pérdida y el fracaso con una vehemencia digna de resaltar. La naturaleza como escenario y como correlato del propio poema anudan las diferentes capas de comprensión de su escritura. En resumen, siempre es bienvenido un libro que trata de mostrar al lector en general la poesía que se escribe en otra de las lenguas del Estado, pero nos hubiera gustado que la edición utilizara unos criterios metodológicos menos aleatorios.

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