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TERCERA POESÍA CON NORTE (LOS POETAS Y SUS POÉTICAS). LORENZO OLIVÁN EDITOR. EDITORIAL PRE-TEXTOS, 2015

Este tercer volumen de la serie tiene su origen en la celebración de la tercera edición de Poesía con Norte, un festival de poesía que se celebra en distintos espacios de la ciudad de Santander, en el Norte de España, con el patrocinio de la Fundación Santander Creativa, y que está coordinado por el poeta Lorenzo Oliván, galardonado recientemente con el Premio Nacional de la Crítica y con el I Premio Ciudad de Santander. Una de las particularidades que tiene dicho festival es que cada uno de los invitados, además de leer sus poemas en público, debe escribir una reflexión teórica sobre su obra, una poética, al fin y al cabo. Esas reflexiones son las que integran el libro que ahora comentamos, del que se ha ocupado, como en ediciones anteriores, el coordinador de dichas lecturas. Acaso ésta sea una de las características más reseñable de este encuentro. En palabras de Lorenzo Oliván, «al poeta se le invitaba a reflexionar sobre los rasgos esenciales de su labor creadora, de manera que quien asistía al recital recibía información de primera mano sobre alguna de las claves para penetrar mejor en el universo del escritor. Éste desarrollaba, después, una suerte de “poética”, un texto de carácter ensayístico que se recogía en un libro de distribución nacional, publicado por la editorial Pre-textos. Así, en 2012 llegó a las librerías Poesía con Norte y en 2014, Segunda Poesía con Norte». En el epígrafe «Maestros y promesas», inaugurado en la convocatoria de 2013 por Francisco Brines, este año participó Antonio Gamoneda, acompañado de las jóvenes “promesas” Laura Casielles y Martín Bezanilla, y este mismo año se realizo un homenaje a Julio Maruri, uno de los poetas más longevos de nuestra actual literatura, del que se publicó una antología preparada por el propio Oliván y Juan Antonio González Fuentes en la editorial Visor y de la que ya se dio buena cuenta en este foro. El resto de poetas —Antonio Colinas, Vicente Gallego, Eloy Sánchez Rosillo, José Luis Piquero, Guillermo Balbona, Jaime Siles y Álvaro García— participaron en la sección «Los poetas y sus poéticas».

Como ya se ha dicho, es de las respectivas poéticas de las que se ocupa este libro y cada cual lo hace desde su personal perspectiva, aunque si algo tienen en común la mayoría de ellos, es de su renuencia y su desconfianza a la hora de formular discursos teóricos en torno a su propio proceso creativo. Colinas escribe: «Desconfío de los textos de Poética, pero no de la necesidad de defender lo que los poetas hemos querido decir cuando escribimos, lejos del tópico y del cliché». Vicente Gallego se ha instalado en la otredad, en una visión de la existencia cercana a la filosofías orientales en las que el ser se disuelve en las cosas y vive a través de ellas una especie de eternidad despojada de las contingencias habituales que afectan a cada uno de nosotros, quizá esa sea la razón que le lleva a escribir que «Si existiera el poeta, ¿cómo podría existir la poesía? Allí donde aparece el poeta con sus cosas particulares, con sus intereses y sus retóricas, la poesía se retira a sus palacios de invierno, porque la poesía, al ser cosa de todos, debe brotar desde la fuente universal, y no desde el cuello de la camisa del poeta».

«La poesía que habla de sí» ha titulado su texto Eloy Sánchez Rosillo, un poeta que ha frecuentado con reiteración los poemas que hablan sobre sí mismos, sobre los misterios que conforman su aparición (reproduce en el texto varios poemas como ejemplo). Sánchez Rosillo coincide siquiera tangencialmente con Vicente Gallego en considerar al poeta como un mero instrumento: «su poesía no es propiamente creación suya, obra que él haya compuesto según su voluntad: forma parte de lo vivo del mundo, y la mano del poeta ha sido el órgano del que ella se ha valido para plasmarse sobre el papel en forma de tales o cuales poemas […] El poeta, pues, no hace, sino que recibe».

José Luis Piquero no esconde sus armas, no hace uso de artificios retóricos para disimular la profunda imbricación entre vida y obra, «mi poesía —escribe— no es ficción. Es una obra literaria, con frecuencia narrativa, que trata de sucesos y personajes reales. Hasta donde puedo recordar, he usado la poesía como un instrumento para explicar y explicarme el mundo que me rodea, los acontecimientos de la experiencia diaria, las relaciones que mantengo con los demás. Mi poesía es una autobiografía en verso».

Guillermo Balbona, comprometido como periodista que es, con la precisión del lenguaje informativo, no duda en buscar en la poesía otros fines menos utilitaristas, por eso, cuando escribe un poema intenta desmarcarse de la obviedad, de lo consabido. «No hay mayor noticia que lo inesperado y en la piel tatuada, en la biografía que huye del biografiado, en la experiencia que depura la vivencia más cercana e inmediata y rescata la arqueología de lo oscuro, aflora la memoria conformada por un material que se antoja extranjero».

Las diferente voces poéticas que conviven en Jaime Siles encuentran su justificación en su concepción del ser poeta, «Porque un poeta no puede ni debe abstenerse de evolucionar. Mi pensamiento poético —si así puede llamársele— nunca ha dejado de hacerlo: sería imposible que una obra no tuviera su propia evolución natural, sujeta a todos los avatares individuales e históricos que se quiera, pero manteniéndose fiel a su continuidad»

El arte y la poesía, escribe Álvaro García «que sirven para potenciar la vida mientras no es bombardeada la existencia. Sirven para defender la inutilidad, que al final es un reencuentro con lo más auténtico del ser». Para Álvaro García son cuatro las condiciones «del arte vivible: intensidad, fondo en la existencia con ruptura de la medida de la existencia, tensión enunciativa, ligereza final», sin ellas no «habría verdadera recreación del mundo».

Martín Bezanilla, en un texto que se apoya en textos ajenos muy bien escogidos (Adam Zagajewski, Kenneth Rexroth, Auden o Charles Wright), propios de un ávido lector, afirma que «Lo que eleva la poesía nunca podrá ser sólo el objeto, sino la consonancia entre lo que ésta pueda significar de manera objetiva y lo que es o, mejor dicho, llega a ser bajo el filtro de quien observa». Acaban estas poéticas con el texto de Laura Casielles, quizá el más lírico de todos porque parece un largo y enumerativo poema plagado de aliteraciones: «Yo quiero escribir como escriben quienes revelan alegrías sencillas», «Yo quiero escribir como escriben quienes nos ayudan a soportar la permanencia», que nos ofrece, sin embargo, claves suficientes para vislumbrar el sendero por el que se interna su escritura.

He dejado deliberadamente para el final la entrevista que Lorenzo Oliván realiza a Antonio Gamoneda. El ojo escrutador de Oliván es capaz de descubrir aspectos inéditos en la poesía del maestro, tan es así que Gamoneda parece sentirse reconfortado como pocas veces ante la zozobra que provoca siempre una entrevista. El magnífico lector que es Oliván traza con sus preguntas un detallado itinerario por las diferentes épocas creativas del poeta  y Gamoneda desvela aquello que no viene en los manuales de literatura, su intimidad: «no es lo mismo escribir desde la pobreza, que escribir solidarizándose con la pobreza», dice refiriéndose a algunos de sus coetáneos. No es lo mismo, claro que no. Debería ser innecesario recodarlo.

En resumen, Tercera Poética con Norte, y sus poéticas anteriores, consiguen mostrar lo variado que es el panorama poético español. Después de escuchar o leer a cada uno de estos poetas, nada mejor que saber qué opinan ellos de sí mismos, de su propia escritura.

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