AMARA

LUIGI AMARA. NU)N(CA. POESÍA SEXTO PISO. 2015.

La particular composición silábica del título, resaltada por los paréntesis, demuestra la clara voluntad del autor de ofrecernos una lectura polisémica del texto, aunque dicha lectura esté condicionada por un referente tan determinado como es la fotografía que da pie a los poemas. La écfrasis es un recurso frecuente en la poesía, en la literatura, desde tiempos inmemoriales, desde la propia Ilíada, la Metaformosis o el Quijote hasta la actualidad. Resulta imposible enumerar la multitud de ejemplos que podemos aducir, sin embargo, y por tratarse también de poemas que tienen como objeto la fotografía, recordamos el reciente libro de Nuno Júdice, El fruto de la gramática. Una de sus partes se titula “Nueve retratos de familia”, y en ella el autor se enfrenta a diversas fotografías de mujeres que formaron, al parecer, en tiempos más o menos lejanos, parte de su familia. La variedad de rostros y posturas, de vestimentas, adornos o decorados permite al autor realizar una descripción pormenorizada de cada retrato, pero sus versos, como en el caso que nos ocupa, no se quedan en la mera descripción, muy al contrario, hay una lectura profunda de carácter psicológico que indaga en aspectos más íntimos, vedados a lo superficial, que no están exentos de ironía.

Luigi Amara —poeta mexicano nacido en 1971 y autor ya de una vasta obra que abarca la creación pero también la traducción y la labor editorial, aunque él se declare fundamentalmente paseante («Basta flexionar en tobillo como un fin en sí mismo, basta fatigar la calle sin ningún propósito para integrarse en un linaje, un linaje honorable y antiguo, aquella Orden Andante de la que hablara Thoreau; un linaje por cierto divagante y reflexivo, que ha vuelto innumerables veces sobre sí mismo, para repensarse, para dejar rastro», escribe en «Reflexiones de un paseante atribulado»)— se vale de una fotografía, ciertamente enigmática, para desarrollar un proceso de envolvimiento verbal que busca descubrir, no ya la identidad de la fotografiada, algo casi del todo imposible porque la foto nos muestra a una mujer de espaldas a la cámara, sino los motivos que llevaron a fotógrafo y/o modelo a realizar la fotografía desde esta particular perspectiva. La confianza que demuestra Amara en el poder develador de la palabra como instrumento para conocer la realidad resulta admirable porque la apuesta es muy arriesgada, aunque conviene decir ya que el autor sale muy bien parado del reto que se ha autoimpuesto sin recurrir a una poesía descriptiva al uso, antes bien, gracias a la especulación y a la sugerencia, Nu)n(ca juega, como decíamos al principio, con ese carácter polisémico que confieren al adverbio los paréntesis. Nunca conoceremos la identidad del personaje, para decirnos Amara, aunque hay algunas referencias que nos llevan a pensar en una mujer asiática, al mismo tiempo dichos paréntesis resaltan la nuca, una de las partes del cuerpo que queda más expuesta al objetivo de la cámara. Recordemos que pare la cultura japonesa, la nuca posee un componente erótico similar al que provoca en los occidentales un escote pronunciado, algo de lo que ha sabido sacar partido un cineasta como Won Kar-way en películas como In themoodforlove o 2046. El vestido tradicional japonés, el kimono, acostumbra a dejar la parte superior trasera desnuda, lo que, unido al habitual peinado que recoge el pelo en un moño, deja la nuca y el comienzo de la espalda, totalmente desnudas, como ocurre en la fotografía encartada en los poemas, una decisión, por otra parte, que nos parece acertadísima, por más que diferentes fragmentos de ella sirvan como frontispicio a algunos poemas. La fotografía, en palabras de SusanSontag, «Es una vision del mundo que confiere a cada momento un misterio». Algo similar parece querer decir Amara cuando escribe que el autor de la fotografía quiere «proponer un misterio» o, acaso, como sólo se trate de un personaje que teme, como los miembros de ciertas tribus africanas y amazónicas, de un temor reverencial a un artilugio que ellos creen capaz de robarles su espíritu. Sin llegar a estos extremos, Luigi Amara formula diferentes hipótesis que están precedidas de sucesivos «quizás», «tal vez», «pudiera», todo un repertorio de suposiciones que afectan tanto a la modelo como al fotógrafo (Onésipe Aguado, pintor francés de origen sevillano) y que no logran sino enriquecer las posibilidades descriptivas.«“¿Y si fuera un disfraz?», se pregunta en uno de los versos. Resulta evidente que la capacidad de seducción de una espalda descubierta sólo a medias, pero de forma intencionada, es mayor por lo que vela que por lo que muestra: «así la espalda se niega,// se resiste,/ tiene la cualidad de los indicios,/ no deja ver la espalda por la espalda,/ no deja ver: incita,/ es siempre la pista de otra cosa». La madeja lingüística se va enriqueciendo a media que avanzamos en la lectura de los poemas. Uno se va dejando llevar por el misterio, por una identidad que se nos hurta. El inveterado deseo de saber más nos lleva como en volandas a través de los versos y, aunque sabemos que, al igual que el poeta, nunca tendremos certezas sino aproximaciones, eso sí, verosímiles, no desfallecemos en el intento de seguir leyendo, y esa tenacidad se debe en su mayor parte a la fluidez de los versos de Luigi Amara, a la magia de sus conjeturas, al ansia de conocimiento, a llegar a un fin que, sin embargo, parece más lejano cuanto más avanzamos.

Anuncios