MARÍA ÁGELES

MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ. CICATRICES DE AIRE. EDICIONES CALETITA. MONTERREY, 2014

Cicatrices de aire, una antología necesariamente abreviada —el formato de la colección no permite mayores licencias— de la obra de María Ángeles Pérez López, es, sin embargo, un excelente escaparate que permite a aquellos que no hayan leído todavía sus libros —este volumen está editado en México y su difusión en España será muy restringida— hacerse una idea de la intensidad y la hondura de su poesía, escrita con un riguroso respeto rítmico y con una riqueza semántica más propios de otras épocas. Para aquellos que venimos frecuentando con regularidad su poesía, supone una nueva oportunidad de releer y refrescar la memoria de las lecturas de antaño, algo que, afortunadamente, pudimos hacer también hace unos años, cuando se publicó Catorce vidas (Poesía 1995-2009) y, más recientemente, con la antología Segunda mudanza, publicada como ésta, en México en 2012, ciudad donde, a través de la UAM, vio además publicado su primer libro, Tratado sobre la geografía del desastre. Esta vinculación tan estrecha no se delimita sólo al ámbito poético, María Ángeles es profesora titular de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca y ha publicado numerosos estudios sobre dicha especialidad, razón por la que es bien conocida allende el océano.

Las diversas antologías que recogen su obra —las que hemos mencionado, y algunas más, a ambos lados del Atlántico—, así como las traducciones que de su obra se han realizado a otras lenguas, el francés, el inglés o el italiano, han difundido la obra de Pérez López fuera de nuestras fronteras, algo más que necesario, imprescindible, para contrastar la calidad de nuestra poesía actual con la de otras tradiciones de gran influencia en nuestra literatura y para analizar tanto las concomitancias como las diferencias que significan a unas y a otras. La experiencia de lo ajeno nos obliga a ser más críticos y exigentes con lo propio. Buscando un símil deportivo, futbolístico en este caso, creo que gracias a la traducción, la difusión de la propia poesía en otras lenguas (o en otros países, aunque compartan la lengua) se puede comparar con jugar, no el campeonato nacional, sino la liga de campeones.

Cicatrices de aire muestra poemas de cada uno de los libros publicados por Mará Ángeles —al ya citado, hay que añadir La sola materia (Premio Tardor, 1998), Carnalidad del frío (Premio Ciudad de Badajoz, 2000), La ausente (2004) y Atavío y puñal (2012). Como quiera que no figura ningún crédito en la selección, hemos de suponer que ésta procede del criterio de nuestra poeta, por lo que nos hallamos ante un mapa personal de la evolución creativa desde una óptica que ningún experto puede ofrecernos. Esto, en sí mismo, no es mejor ni peor (el asunto posee la enjundia suficiente como para no tener cabida en este breve comentario), pero sí manifiesta los gustos personales y, por tanto, aquellos aspectos sobre los que se quiere incidir en una poesía, por otra parte, muy compacta desde el comienzo, que libro a libro ha ido desplegando un discurso lleno de ideas fuerza, reivindicativo y alejado de lo coyuntural, aunque el vector que guía su último libro, Atavío y puñal, señale un asunto tristemente repetido en los informativos de nuestro país. Desde los poemas breves de sus inicios, más versátiles en cuanto a su forma métrica, a los poemas sólidos, construidos verso a verso, peldaño a peldaño, a golpe de metrónomo, con un equilibrio perfecto entre el barroquismo sintáctico y el lenguaje común, aunque selecto, de su último libro se puede rastrear un proceso de fidelización ideológica y estética que no resulta fácil conseguir. Son muchas las tentaciones y los señuelos que se deben eludir y la palabra poética, a veces, no consigue evitarlos. No es el caso de María Ángeles Pérez López, porque ella sabe que «De pronto una palabra nos asalta ,/ se nos queda rondando impertinente,/ se sienta en el ombligo de la lengua/ y borra la memoria de las otras». Un poema como «La mirada insolente» de su segundo libro describe un hecho luctuoso de forma casi neutral, dejando que sea el lector quien saque sus propias conclusiones, sin embargo en los poemas de Atavío y puñal, la autora toma partido a favor de una condición femenina vejada socialmente un día tras otro, algo que nos recuerda a la poeta sueca recientemente editada por Vaso Roto, Sonja Åkesson: «la mujer mueve el mundo y lo trastorna,/ lo arrastra y conmociona contra sí,/ arrasa como un pájaro las tardes/ e inventa superficies cariñosas/ con plumas y atavíos muy diversos,/ con brújula y castigo del lugar/ en que duermen los hombres y los diosas/ cuya falda es de jade y de distancia». Nuestra poeta posee una voz perfectamente reconocible, una voz contundente y hermosa, tierna y terrible a la vez porque la cuidadísima arquitectura de su discurso no pretende acallar la ignominia, sino subrayarla. Estamos seguros de que el lector que descubra en esta antología la obra de María Ángeles buscará de inmediato cómo llenar las grietas vitales que han quedado fuera de estas páginas.

 

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