ESTEL JULIÀ. ZAPATOS IMPOSIBLES. COLECCIÓN SITIO DE FUEGO. EDITORIAL BAILE DEL SOL, 2015

Sorprendente título éste con el que Estel Julià regresa a la primera línea de la actualidad poética, una actualidad, por otra parte, cada vez más convulsa, y no siempre por motivos literarios, aunque éstos bastarían para mantener al posible lector a la expectativa. Son acaso demasiados los libros que se publican y sólo algunos de ellos cumplen los requisitos de calidad que dichas expectativas generan, por esta razón, no siempre es fácil separar el grano de la paja, diferenciar la buena poesía de aquella que está escrita con oficio, pero sin incertidumbre, sin problema. El caso de Zapatos imposibles, que de este libro estamos hablando, pertenece, sin lugar a dudas, a ese grupo de libros que surgen de un conflicto, de una desazón íntima, de una herida irrestañable que ni siquiera la escritura puede atenuar, ¿o sí? Uno de los motivos que conducen a la escritura es el afán de cauterizar los desgarros de la existencia, reconducirlos a través de las palabras, destilarlos en la alquitara del lenguaje. Algo de esto ocurre en el poema titulado «Vino del amor», del que copio sus últimos versos: «Se hace imposible definir al joven/ casi espumoso y semidulce,/ del macerado en el roble de la lujuria/ al abrigo de la oscuridad./ Pero ahora no es momento de preguntas/ bebamos el elixir de Baco/ no sea que se enrancie/ éste rojo amor afrutado e intenso».

Estel Julià ha publicado en catalán los poemarios Mar d’estels (2013) y Anadna (2014), pero su dedicación a la escritura no sólo se circunscribe al ámbito poético. En el marco de la sociología artística y literaria ha publicado libros como Dietari visual de’Enric Alfons. Una proposta pictórica per contextualizar algunes poétiques de l’Africa i l’Orient (2012) y La imatge traduïda. Un pretext per la revisió de la proposta pictórica d’Enric Alfons (2013). Como traductora ha editado el volumen Un tiempo libre/ Aisialdi Bat/ Un tempo libre/ Un temps lliure de Juan Marqués en 2011 y ha coordinado el libro A la luna de las lenguas/ Hizkuntzen Argipena/ A la lluna de les llengües (2011).

Zapatos imposibles comienza con un poema titulado «Poética imposible» en el que se afirma que «las palabras queman» como la arena de una playa expuesta al sol durante horas, acaso por eso, caminar descalzo suponga una temeridad. Más conveniente es caminar protegido, aunque sea con los zapatos imposibles de las palabras. Quien camina es una mujer que parece fundirse con la vegetación, en la que ha encontrado —serendipia— algo que no estaba buscando, aparentemente, porque en la tercera parte del libro, «Recuerdos que se olvidan» se describen instantes propicios para la confesión, para las confidencias, instantes que contribuyen a apaciguar la intensidad del fracaso, de «un amor enfermo», enfermo porque, tal vez el futuro sea, como escribe Estel Julià en «Tenerte», primer poema de la siguiente sección, «un destino imposible que nunca comenzó». La poesía no necesita notarios que levanten acta de un suceso, para demostrar la fidelidad biográfica, todo lo contrario, el poema busca complicidad, un lector que sea capaz de extrapolar la anécdota para hacer suya la emoción, por eso no es preciso leer al pie de la letra, sino entre líneas, si lo hacemos así, será fácil hacer propios versos como estos: «Cuando la desconfianza/ eleva un grito/ se desgarran sentimientos/ y los enteros se rompen». El libro acaba con la sección titulada «Con los pies en la vida», sección ilustrada, como todas las demás, por una fotografía, en este caso, de unos pies descalzos apuntando al cielo. El poema final actúa como perfecto contrapunto a la idea desarrollada a lo largo del poemario, la crueldad implícita en toda existencia, la imposibilidad de caminar descalzo por el fango de la vida, de ahí la pregunta que formulan los dos versos que cierran el libro: «¿Qué no haría usted, amigo./ por un zapato», un libro que cuenta una historia, no de manera lineal ni fidedigna, sino plagada de saltos temporales, de escenarios, de descripciones que logran dibujar por medio de una poesía contenida, precisa, de lacónica enunciación, sin concesiones a la retórica, el rostro de la meloncalía.

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