MARTHA ASUNCIÓN ALONSO. NO TAN JOVEN (2005-2015). COLECCIÓN PLANETA CLANDESTINO. EDICIONES DEL 4 DE AGOSTO, 2015

El trabajo en pro de la difusión de la poesía —de la cultura, en general—que están llevando a cabo los componentes de la asociación Planeta clandestino de Logroño aún no ha sido reconocida como merece, y ya va siendo hora. Con unos medios muy limitados, pero con una voluntad de hierro y una generosidad sin límites, gentes como Enrique Cabezón, Sonia San Román, Carmen Beltrán —cabezas más visibles, aunque hay otros muchos implicados—, han conseguido en apenas diez años publicar cerca de 200 cuadernos de otros tantos poetas, además de organizar año tras año, este mes se está celebrando la novena edición, el festival poético «Agosto clandestino». Ambas actividades tienen un mérito inmenso, como sabe cualquiera que esté sumido en el mundo de la edición poética o en la gestión cultural. Sólo gracias al tesón, a la amistad y al buen hacer de los organizadores se puede llevar a buen puerto un ciclo de estas características porque, como digo, el presupuesto es exiguo, por más que algunas empresas locales colaboren en el sostenimiento del evento.

En la colección de cuadernos citada, de tirada limitada a 300 ejemplares y firmados cada uno de ellos por el autor, el número 160 contiene poemas de Martha Asunción Alonso, una de las poetas más interesantes de la última hornada (recientemente ha sido galardonada con el VII Premio de Poesía Joven de RNE por el libro Wendy, publicado por la editorial Pre-Textos). No tan joven, el título del cuaderno —sorprende dicho título en una poeta nacida en 1986—, contiene poemas escritos desde 2005 hasta 2015. «La palabra más vieja —escribe Martha Asunción— data de 2005. La más joven de 2015…Algunas forman parte de poemas que a su vez formaban parte de libros publicados. Otras, hasta hoy, trotaban por el cajón de los inéditos. Me parece que todas juntas son algo así como esas postales que enviamos desde las estaciones y aeropuertos sin esperar a que el viaje termine, o tal vez sin saber que el viaje terminó: nunca sabemos». Esos libros a los que se refiere son Cronología verde un otoño (2009), Crisálida (2010), Detener la primavera (2011), La soledad criolla (2013) y Skinny Cap (2014), gracias a los cuales ha obtenido algunos de los premios más importantes de la poesía joven, como el Premio Adonais, el Premio Antonio Carvajal o el Premio Nacional de Joven Poesía Miguel Hernández (además del de RNE que ya hemos mencionado). Nos encontramos, como refleja este resumido currículum, ante una poeta —y licenciada en Filología Francesa— reconocida desde muy joven que va creciendo día a día poéticamente, algo que podemos comprobar en este No tan joven, libro que, aunque puede leerse como un libro autónomo, a tenor de las propias palabras de Martha Asunción, resulta ser una pequeña antología de su obra de 21 poemas, no fechados ni referenciados, por lo que deja en manos de la sagacidad del lector explorar la evolución creativa que antes he mencionado, un lector que asistirá a una rememoración de la infancia y de la figura de los abuelos, con nostalgia, pero sin patetismo, algo propio de una poeta madura que domina las emociones y las subordina al poder evocador del lenguaje: «Nostalgiar.// Crepitar de mazorcas en el horno./ Otoño en cucuruchos de papel», escribe el poema cuyo título es este neologismo, nostalgiar, es un buen ejemplo de ello. La infancia deja paso a la adolescencia, a la época en la que los demás adquieren una importancia capital, amigos, compañeros, primeros amores pero en la que, también, se comienza a tomar conciencia del lugar y del momento en el que se vive, se adquiere, en resumen, la conciencia histórica: «No teníamos miedo./ Fuimos a escuelas donde los maestros/ habían llevado luto por nosotros,/ que estábamos llamados a heredar/ la transparencia». Una enorme lucidez revela Martha Asunción Alonso en sus poemas, lucidez reflexiva que se va acentuando a medida que la narración avanza hacia una juventud desmitificadora, una juventud cuyos imprecisos límites temporales hoy son, si cabe, aún más difusos. Se descubre la cara más lamentable de la realidad. Ya no es posible recrearla a través de cuentos, de leyendas o de poemas: «Yo miro, escribo versos/ que huelen a lejía y a canela,/ versos que crían polvo en los rincones,/ versos como zapatos de charol», escribe en el poema «Razones para mirar. Arte poética». Los poemas del cuaderno No tan joven no pueden avanzar más. Obligatoriamente, teniendo en cuenta la juventud de Martha Asunción, han de quedarse en un periodo indeterminado de esa elástica transición a la que aludíamos, aunque la excelencia de su poesía rompa los prejuicios y nos demuestre que la edad carece de importancia. Lo que importa realmente no es cuánto se ha vivido, si no si uno es capaz de percibir cómo lo ha hecho. Si se logra manipular la experiencia, por muy común que sea, con las herramientas de la observación y el distanciamiento, como lo hace Martha Asunción, cada lector podrá revivir la suya propia en el poema. Esto es lo que de verdad importa.

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