ALBERTO RÍOS

CUANDO HABÍA FANTASMAS

Por el lado de México en los años 1950 y 60,

Había salas de cine de todo el mundo

Y durante mucho tiempo la gente podía fumar

A placer en la comodidad de los teatros.

El humo ascendía y la película se desarrollaba

Tanto en la pantalla como en el aire

La proyección se enredaba un poco

En la niebla vacilante de los cigarrillos.

De esta manera, cada historia tenía dos historias

Y cada personaje vivía cerca de su fantasma.

Mirando hacia arriba sabíamos lo que iba a ocurrir

Antes de que ocurriera, como si la película estuviera soñándose

A sí misma, y nosotros formáramos parte de ella, parte de la trama

Y no fuéramos sólo la audiencia. Y en ese sueño las caras de los actores se curvaban

Un poco, difícil de reconocerlas exactamente en el humo,

Así que María Félix y Pedro Armendáriz

Se  parecían un poco a mi tía y a uno de mis tíos—

Y por lo tanto eran ellos, por lo tanto todos nosotros salíamos en las películas,

Así es como lo recuerdo: palomitas en la mano,

Humo en el aire, chicle en el suelo— Esos sábados por la noche, nosotros mismos

Éramos la historia y las cosas y los actores.

Nosotros mismos vivíamos en la danza del sueño.

Versión de Carlos Alcorta

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