CARL PHILLIPS. COMPAÑEROS DE ARMAS. CARL PHILLIPS

Hace tiempo el mar era una cosa; el campo otra.

Sea como sea, algo se afianzó, o no. ¿Qué puedo decir sobre

la felicidad? Independientemente del país, quiero decir, donde era inconcebible una palabra como cualquier otra yace lejos de mí ahora. He

aprendido a perdonar los errores, si pueden mantener lo que está vivo

aún con vida, aunque sólo sea

un rato más. El bambú fantasmal con el

que las aves hacen el nido, por ejemplo, sin prestar atención a las hojas, color

de rendición, color de pobreza como yo solía imaginar cuando

yo mismo era pobre pero no tenía idea de serlo. Siempre pensé

que la gratitud es la única respuesta correcta que he dado,

dolorosamente, sin embargo, para ver esta vida más de cerca. Los dioses

más poderosos me han rechazado durante mucho tiempo, permiten que los dioses consideraros menores

hagan lo mejor que saben —como un amigo que yo supe que en alguna parte del camino

perdió el dominio dando tumbos, por lo general justo antes

de desmayarse. Creo que él realmente creía esas cosas; el debe

sin duda, a estas alturas, estar muerto. Hay un extendido                                                                                efecto aleccionador para la pérdida que yo soporto sin molestias. No es la pérdida lo que me humilla.

Lo que usaba como memoria — nubes surgiendo durante horas,

agrupándose, luego surgiendo de nuevo— últimamente parece en cambio

como una danza, una de las más lentas, números demasiado complicados

para los que nunca he tenido mucho tiempo. Sin saber exactamente que la apariencia

es tan diferente de lo que pensamos de ella que parece

nada. ¿Por qué, entonces, cada día, se sienten más parecida?

Versión de Carlos Alcorta

Versión de Carlos Alcorta

Blog 25/07/2015

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