STEPHEN DUNN.

SIEMPRE ALGO MÁS HERMOSO

Esta vez llegué a la salida

con mis mejores zapatillas para correr y la velocidad íntegra

reservada para el final, llegué sólo pendiente

del reloj y de aplastar

a los otros corredores. Cada uno de nosotros

probaría la superioridad y la resistencia

de los otros, aunque en el pasado a menudo me había

desviado por un camino secundario siguiendo

alguna distracción salvaje, permitiéndome

perseguir algo extraño o hermoso,

familiarizándome con alguno de los métodos,

no culpándome por no tener éxito.

Yo había llegado a creer que lo que es hermoso

tenía más que ver con la temeridad

de tomarse en serio a sí mismo, con seguir

el rumbo, independientemente de cuál fuera.

El corredor de delante parecía a punto de desvanecerse,

su larga, elegante zancada, acortándose

cuando lo sobrepasé. Yo estaba seguro de que ahora,

al menos, mejoraría mi mejor tiempo.

Pero el hombre de portentoso final

ya había comenzado su movimiento. Hermoso, oí

decir a un espectador, como si algo inevitable

llegara de nuevo de la nada hacia destino.

Versión de Carlos Alcorta

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