ARTE Y LITERATURA EN LAS REVISTAS. SEIS EJEMPLOS RECIENTES.

ESTACIÓN POESÍA. Nº 4. SERVICIO DE PUBLICACIONES DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA.

AÑOS DIEZ, REVISTA DE POESÍA. Nº 1. PRIMAVERA DE 2015. CUADERNOS DEL VIGÍA.

EL MAQUINISTA DE LA GENERACIÓN. REVISTA DE CULTURA.Nº 24-25. CENTRO CULTURAL GENERACIÓN DEL 27.

REVISTA DE NUEVA LITERATURA CLARÍN. Nº 117. EDICIONES NOBEL.

LITORAL. REVISTA DE POESÍA, ARTE Y PENSAMIENTONº 259. REVISTA LITORAL, S.A.

ARTE Y PARTE. Nº 117. JUNIO-JULIO. EDICIONES LA BAHÍA

Gerardo Diego, sin duda alguna, uno de los poetas más atentos a cuanto se movía en la poesía española del pasado siglo, en un artículo escrito en 1948 titulado «Revistas», decía lo siguiente: «Otra vez las revistas. Como en los años 1925 a 1930, desde 1942 hasta el presente y no lleva trazas de agotarse la inquieta savia juvenil, una constante floración de revistas irrumpe por todos los jardines poéticos de España. La bibliografía revistera se hace cada día más complicada, porque de no andar muy alerta consultando páginas de novedades, exposiciones de librerías y husmeando noticias en los ambientes muchachiles y en las corresponsalías espontáneas de provincias, se corre el riesgo de no recibir o de no saber siquiera la última volandera hoja de poesía». Suprimamos, si así lo estimamos oportuno, alguna expresión ya caduca, y comprobaremos la actualidad de las palabras de nuestro poeta, él mismo un excelente impulsor de revistas que ya están, por derecho propio, en la historia de nuestra literatura, como Carmen y Lola. Unos párrafos más adelante, Diego escribe que «Algunas han continuado mes tras mes hasta tres años cumplidos, lo que constituye una hazaña de perseverancia que saben muy bien valorar quienes han luchado con perezas de colaboradores, compromisos de espontaneidad y mecenazgo, fatiga de suscriptores y compradores e inexorabilidad de industriales al cobro». Las circunstancias sociales, felizmente, son muy otras, pero las características de las revistas, tanto las impresas como las digitales, no son muy diferentes y los problemas que las aquejan siguen siendo del mismo calibre, sin embargo, la fugacidad, la escasez de medios, los problemas de distribución, etc. no son suponen inconvenientes infranqueables, como lo demuestra el que periódicamente surjan nuevas cabeceras, tanto desde el ámbito institucional como desde el privado. Buen ejemplo de lo primero es Estación Poesía, revista patrocinada por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla y capitaneada por Antonio Rivero Taravillo que ha alcanzado ya su número 4. Cada número incluye una extensa relación de poemas en castellano que tienen la particularidad de ser rigurosamente inéditos (en este último número colaboran,  poetas como Alejandro Céspedes, Raquel Lanseros, Luis García Montero, Carlos Pardo o Juan Ignacio Montoto), una sección de ensayo poético y una última sección dedicada a reseñar alguna de las novedades poéticas aparecidas en los últimos meses por firmas como Aitor Francos, Antonio Praena , Ioana Gruia o Antonio Lafarque. La revista, que posee un hermoso diseño basado en su sobriedad gráfica, tiene la particularidad de publicarse tanto en papel como en la red, lo que facilita, sin duda alguna, su difusión.

Años diez pertenece al segundo grupo mencionado, el de las revistas que nacen propiciadas desde el ámbito privado, en este caso, la editorial granadina Cuadernos del Vigía. Con un cuidado tipográfico exquisito y una factura sobresaliente, está dirigida por los poetas Juan Carlos Reche y Abraham Gragera. Sí en Estación Poesía la poesía en castellano ocupa prácticamente la totalidad de su contenido, en Años diez —revista semestral—  se apuesta por las tradiciones foráneas, de tal forma que ocupan sus páginas autores como el checo Miroslaw Holub (traducido por Karlos Cid Abasolo), el sorbio Kito Lorenc (traducido por Juan Andrés García Román), los franceses Louis-René des Forêts y  André Frénaud (traducidos por  Miguel Casado) o la norteamericana Denise Levertov, de la que se ha ocupado Andrés Catalán. No faltan, sin embargo, colaboraciones de poetas que escriben en nuestra lengua, como Morales Sillas, David Leo García o la argentina Valeria Meller. El volumen ofrece además valiosos ensayos literarios (Ernesto Castro y Manuel J. Santayana escriben respectivamente sobre «Poesía y sociedad» y sobre «La poética del traductor de poesía»). Una breve nota biográfica de los colaboradores y las versiones originales de los poemas traducidos completan este interesantísimo número 1 de Años diez, a la que deseamos una larga vida, como la que disfrutan las dos revistas que comentamos a continuación.

El maquinista de la Generación, revista auspiciada por el Centro Cultural de la Generación del 27 llega al número 25 y lo hace con su calidad habitual y un envidiable despliegue gráfico y compositivo. José Antonio Mesa Toré, director del Centro y responsable último de la edición de la revista, además de un excelente poeta, conoce de primera mano los entresijos de todos los procesos de impresión, algo que queda patente en la esmerada factura del Maquinista de la Generación. Dedicada, como su nombre indica, a difundir trabajos sobre la generación del 27 y su entorno —este número incluye, entre otros, un artículo sobre «La generación del 27 y Antonio Machado. Historia de encuentros y desencuentros», otro sobre José María Hinojosa y su libro La flor de Californía y varios más en los que se amplían las aristas sobre autores como Lorca, Guillén, José María de Cossío, Dalí o la pintora Ángeles Santos, protagonista del evocador texto de Eduardo López-Truco titulado «Paseos a los mundos de Ángeles Santos». La sección «Palabras para una música» contiene textos de cantautores como Luis Eduardo Aute o Pablo Guerreo. «Maquinista 1616» se ocupa de la poesía traducida. Tienen cabida aquí lenguas como el hebreo, el griego, el italiano o el catalán. No puede faltar la sección dedicada a las reseñas literarias y poéticas, a las que dedica un espacio considerable. Las actividades de la biblioteca del Centro, así como las publicaciones que nacen en la Antigua Imprenta Sur ocupan las últimas páginas de esta maravillosa (en el sentido más amplio del término) revista.

La revista de nueva literatura Clarín, de la mano de José Luis García Martín y editada por Ediciones Nobel, ha alcanzado ya el número 117, una longevidad digna de elogio. Cada número está estructurado en secciones. «Inventario», la primera de ellas, cuenta con un excelente conjunto de artículos, entre los que destacamos el de José Manuel Benítez Ariza sobre Juan Ramón, el de Rodrigo Olay, que expone con rigor las evidentes influencias entre Bécquer y Campoamor y el de Juan Bonilla, titulado «La responsabilidad de ser lector». Miguel Galano, un magnífico pintor asturiano al que tuve la oportunidad de conocer hace algunos años, cuando expuso en la Galería Robayera de Miengo, es el protagonista del artículo de Ana Vega incluido en la sección «Miradas», que cuenta también con un ensayo de Antonio Ansón sobre el fotógrafo, entre otras cosas, Gérard Macé. «Metamorfosis» está dedicada al poeta norteamericano Donald Hall, con un breve pero intenso ensayo de Hilario Barrero que es quien, con su finura habitual, con su aliento poético, traduce varios poemas de Hall. A uno le hubiera gustado que la selección fuera más extensa, pero las limitaciones propias de la revista no lo permiten (para los interesados en el autor, entre los que me cuento, Valparaíso Ediciones ha publicado recientemente el libro Eagle Pond, con poemas de Jane Kenyon y el propio Hall).  «Colección de vidas» ofrece fragmentos diarísticos del argentino Pablo Anadón en los que narra el proceso de recuperación tras sufrir una terrible agresión. Estremecedoras, por la entereza con la que describe el robo y la violenta paliza, pero sobre todo porque «mi dolor y mi rabia están concentrados ahora en un solo punto: los poemas, ensayos, traducciones y fotografías que perdí con la computadora». «Conversaciones» y «Los caminos del mundo» dan paso a la sección «Paliques», que recoge reseñas literarias y poéticas. La revista finaliza con una sección de carácter misceláneo «Las cartas boca arriba», que siempre sorprende con alguna excentricidad (en el sentido literal del término), en este caso un perfil sobre el poeta y columnista Manuel Alcántara y un comentario sobre La Canción de Roldán, del lenguaraz Sánchez Drago.

Arte y parte es, igual que Clarín, una revista bimensual que ha alcanzado el número 117. Su editor, José María Lafuente, un eminente coleccionista que ha creado el inigualable Archivo Lafuente dedicado al arte y a la edición, se ha rodeado de un magnífico consejo editorial del que forman parte Fernando Huici —que ejerce además como director—, Juan Antonio González Fuentes —coordinador editorial—, Javier Maderuelo y Alberto Ruiz de Samaniego. Este número se dedica, casi de forma monográfica, a la creación sonora, para lo cual cuenta con ensayos del artista José Iges, de los críticos Javier Maderuelo y José Manuel Costa y del musicólogo José Luis Maire. En la sección «Arte y edición», Frenando Millán analiza un libro de poesía experimental de Javier Maderuelo compuesto en 181 y  que aún permanece inédito, Arte cisoria. No falta el apartado dedicado a dar noticia de las exposiciones tanto nacionales como internacionales más sobresalientes ni el dedicado a reseñar publicaciones cuyo contenido esté relacionado con el arte en cualquiera de sus formas. Cada sección cuenta con un gran apoyo iconográfico que contribuye a hacer de cada número un verdadero catálogo de arte contemporáneo.

Decía Bergamín que «las revistas nacen y mueren de verdad si están o estuvieron vivas: no pueden revivir ni resucitar», pero hay ejemplos que desmienten este aserto, como Revista de Occidente o la malagueña Litoral, de la que acaba de aparecer el número 259, dedicado al Agua y su relación con el arte y la literatura. Resumir el contenido de esta auténtica joya es una tarea imposible, tal es la calidad de los colaboradores tanto en la parte plástica como en la literaria. Los diversos autores están encuadrados en secciones como «Agua oriental», «Agua Precolombina», «Mitos», «Nubes&Nieblas», «Ríos&Puentes», «Escribir en el agua», «Piscinas» o «Inundaciones&Sequías», por poner unos ejemplos de los más de treinta apartados en los que está dividida la revista. El trabajo que realiza el equipo que comanda Lorenzo Saval es realmente encomiable. Desde los responsables de la maquetación y el diseño a los asesores literarios, José Antonio Mesa Toré y Antonio Lafarque hasta los responsables de la composición y la impresión. La revista Litoral, desde su refundación en 1968, sigue siendo un saludable ejemplo de rigor y belleza que debemos preservar porque es un verdadero regalo  para sus lectores. Rafael Osuna dice que «La revista es uno de los campos por excelencia en que se manifiesta la cotextualidad, concepto amplísimo si por cotextualidad se entiende, en principio, cualquier relación existente entre dos o más textos». En pocos escenarios como en las páginas de la revista Litoral podrá ser más cierto este aserto.

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