HENRI COLE
CABALLO URBANO

Al final de la carretera desde la representación hasta el cadáver,
succionado por el mar y lavado de nuevo—
con árboles arrancados, coches abollados y casas derruidas—
de cara a los escombros y atado a un poste de teléfono,
como si tratara de levantarse por sí mismo todavía, aunque tenga una pierna rota,
mira alrededor al grotesco paisaje indescriptible,
el color alrededor de sus ojos, el hocico y la crin (ruano moteado,
con manchas blancas y rojas) ahora deslustrada gris—
O, caballo maravilloso; O, delicado caballo —muerto, muerto—
con la brida aún ceñida a su belfo— «Ella era más inteligente que yo,
ella espera», un niño llora, apretando la mano contra su boca
y acariciando las majestuosas piernas como remos,
tiesas ahora, que no podrán huir
de la pesada, negra, iracunda marea.

Versión de Carlos Alcorta

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