LA GALLA CIENCIA. REVISTA DE POESÍA, NÚMERO 3. MARZO DE 2015
De la mano de Ignacio Uranga, la revista La Galla Ciencia, coordinada desde Murcia por Joaquín Baños, Noelia Illán, Samuel Jara, Manuel Pujante y Daniel J. Rodríguez presenta en su número 3 una magnífica antología de poesía hispanoamericana integrada por 101 nombres, dentro de un abanico temporal que comprende a poetas nacidos desde la década del 20 hasta la del 80 del pasado siglo. Este amplio arco temporal permite al antólogo «dar a conocer a los lectores, se podría decir, “un estado” de la escritura poética de Hispanoamérica, en cuya tradición se da un proceso de cruce y convivencia de culturas, y evidentemente de lenguas […] que hacen de los artefactos lingüísticos de Hispanoamérica algo singular, lo que de ninguna manera puede interpretarse como homogéneo». Por fortuna, nada más lejos de la homogeneidad que esta agrupación de poetas de tan diferentes edades y de países tan distintos, por más que los una la lengua común.
Toda antología se construye según los criterios de sus responsables, y ésta no podía renunciar a ellos. Como hemos señalado, existe un criterio temporal, otro de carácter geográfico —la inclusión de autores de todos los países de habla española— y un último criterio que tiene más que ver con los principios de orden estético del responsable de la selección. Evidentemente, estas pautas determinan un resultado con el que el lector podrá o no estar de acuerdo, pero tan legítimo como cualquier otro — personalmente me parece muy válido, aunque uno eche en falta, forzosamente, algunos nombres. Uranga lo advierte en el prólogo: «podría hacerse este trabajo siguiendo otros criterios, lo que arrojaría otros trazados y otros mapas, incluyendo otros textos, desde luego también atendibles como los acá incluidos».
Una antología con una nómina tan amplia de participantes necesariamente arrastra el lastre de la extensión. Como norma, sólo se incluyen dos poemas por autor, algo que resulta insuficiente para conocer a los poetas, sobre todo a aquellos con una trayectoria más larga, pero entendemos que añadir dos o tres poemas más hubiera entrañado unas dificultades editoriales casi imposibles de sortear. Por otra parte, de lo que no cabe duda alguna es de que la selección, completada con una pequeña nota bibliográfica al final del volumen, permite al lector realizar una vista panorámica por la poesía hispanoamericana y comprobar la riqueza de las diferentes propuestas, propuestas que amalgaman a su vez tradiciones foráneas con fortaleza innegable, posiblemente como no logra hacerlo la poesía que se escribe en nuestro país.
En un hipotético diálogo entre los responsables de la revista y un «poeta deslenguado» que se desarrolla en las páginas finales del volumen, éstos desarrollan otro de los criterios que sustentan esta antología, el de que los poemas fueran inéditos, con las siguientes palabras: «Para cualquier publicación como la nuestra lo más importante, lo que las hace únicas y debe ser una virtud intrínseca, un fin en sí mismo, es que sus lectores puedan palpar el momento creativo de cada autor, al margen de que ese poema evolucione posteriormente y vea la luz en un libro con una faz distinta…». Creo que una revista literaria justifica su existencia, precisamente por eso, por dar cabida a la obra en marcha, a la obra, a los poemas que todavía está construyéndose. Algunos pasarán tal cual a formar parte de ese libro futuro, otros lo harán con significativas modificaciones y los menos, quedarán desterrados para siempre al limbo de lo inconcluso, y esa es la gran aportación de una revista literaria, ser testigo de esas transformaciones y dejar constancia de ellas.
Mencionar los nombres de algunos de los poetas antologados sería injusto con los descartados, dada la imposibilidad de enumerar a todos los participantes. Bastará con que resalte que conviven en perfecta armonía poetas con una trayectoria inmensa, jalonada con distinciones y premios, con otros poetas que apenas comienzan en esta década a editar sus primeros libros e incluso se da el caso de alguno que sólo ha visto sus poemas publicados en revistas. La apuesta del antólogo, como se ve, no carece de riesgos, lo que convierte esta antología en una propuesta aún más atrayente. No me queda más que dar la enhorabuena a los responsables de La Galla Ciencia —una revista, por otra parte, desde su primer número, cuidadísima formalmente, que cuenta en este número 3 con las magníficas ilustraciones del artista brasileño Daniel Bilac — por regalarnos unas horas de lectura tan espléndidas.

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