LEDO IVO. TRADUCCIÓN Y PRÓLOGO DE MARTÍN LÓPEZ-VEGA. VALPARAÍSO EDICIONES, 2015
No es ésta la primera ocasión en la que Valparaíso Ediciones acoge la obra de Lêdo Ivo (1924-2012). En 2013 editó una magnífica antología titulada Estación final, en la que se incluían poemas escritos desde su más flamante juventud, desde1940, cuando contaba dieciséis años —«Mi predisposición para escribir poemas, escribe en O aluno relapso, surgió en la adolescencia, en la época de las primeras lecturas y descubrimientos»— hasta poco tiempo antes de su muerte, acontecida repentinamente en Sevilla en 2012, mientras visitaba la ciudad en compañía de su hijo, el artista Gonçalo Ivo —autor del epílogo con el finaliza la edición de Relámpago— y la familia de éste, dejando una obra intensa y prolífica que abarca no sólo la poesía, sino la novela, el cuento, el ensayo y la crónica periodística.
Su obra ha gozado en nuestro país de una difusión nada desdeñable (las antologías La Moneda Perdida y La Aldea de Sal, así como los poemarios Rumor Nocturno y Plenilunio), difusión que se ha visto sustancialmente incrementada en estos últimos años con Estación final y los libros Mormaço/Calima, Aurora y este Relámpago que hoy nos ocupa, que ha contado con la traducción de Martín López-Vega, uno de los mejores conocedores de la obra y la figura del autor brasileño, responsable también del documentado prólogo que acompaña a la edición en el que sintetiza con una equilibrada mezcla de erudición y fervor los principales hitos bio-bibliográficos del poeta. Para enumerar la variedad de temas que ocupan la poesía de Lêdo Ivo recurre López-Vega al ensayo Consideraçoes sobre un poeta: Lêdo Ivo, que Costa Fernandes publicó en 2008. Nada mejor que transcribirlas para determinar su diversidad: «a) La tensión que crea en su poesía entre lo eterno y lo efímero; b) la búsqueda de lo absoluto y de lo sublime; c) la visión desde lo alto, la lectura vertical que intenta abarcarlo todo; d) la tentativa de retener el paso del tiempo; e) el cambio de visión sobre poeta, antes visto como divino, ahora corrompido; f) las paradojas; g) la sombra que se expande sobre su poesía, ahora poniéndose, ahora mezclándose y a menudo engañando al lector con paradojas sombrías». Por supuesto, no se agota tal complejidad en esta vasta enumeración, y el mismo López-Vega menciona a distintos estudiosos que amplían la lista, pero creo que resulta suficiente para nuestros propósitos informativos.
Relámpago se publica a la vez en castellano y en portugués, siguiendo las indicaciones del propio poeta, lo que representa un fiel testimonio de la devoción por nuestra lengua que mantuvo desde muy joven. De hecho quiso pasar las que, a la postre, fueron sus últimas navidades en España, en Sevilla: «Tenía ganas de volver a cruzar el río Guadalquivir —escribe Gonçalo Ivo—.Se atormentaba pues, gracias a su prodigiosa memoria, confesaba haberse olvidado de hacerlo durante el viaje que hizo a España con mi madre en 1952».
En la mayoría de los trece poema que integran el libro prevalece un tono irónico propio de quien está de vuelta de todo, de quien no tiene miedo a la muerte, de quien disfruta de la vida y apura los últimos instantes: «Me fue negado el paraíso/ sin haber recibido/ del cielo azul previo aviso», del poema «El transeúnte desorientado» o estos otros que pertenecen al poema «La batalla»: «y dan sus vidas por la Patria/ y por mi gloria inmortal/ de héroe que siempre muere en una cama». Esta ironía, el juego de hacer versos que parece inspirar la construcción de los poemas no oculta, sin embargo, la reflexión existencial: «Todo lo ignoro y sin embargo vivo/ y respiro la marea/ de mi infancia sepultada, de mi infancia/ que me acompaña como una sombra persistente/ en la noche iluminada», escribe en el poema «El ignorante». Hay otros muchos ejemplos de este contraste entre lo anecdótico y lo trascendente, pero sin duda lo que el lector encontrara en Relámpago es una muestra concentrada de la más alta poesía, de ese «sortilegio organizado» que era para Lêdo Ivo la escritura del poema.

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