BENJAMÍN PRADO. YA NO ES TARDE. VISOR LIBROS, 2014

Las declaraciones de principios poéticos no siempre se ajustan a las condiciones que revelan los poemas en sus versos. Una cosa son las intenciones, los propósitos y otra los resultados a que dan lugar. La verdad es que no importa demasiado el grado de fidelidad estética que alcancen dichos poemas a la hora de valorar sus logros intrínsecos, pero cuando la correspondencia entre lo propuesto y lo obtenido es, como en el caso de este Ya no es tarde, tan incuestionable, conviene celebrarlo. Benjamín Prado no titubea ni esconde sus objetivos. El primer poema del libro, el titulado «Cuestión de principios» es lo suficientemente explícito al respecto. De él extraemos versos como estos: «Un poema que diga también lo que no dice», «Un poema que sabe lo que piensas» o «Un poema que sea capaz de repetir/ justicia y corazón,/libertad/ y alegría», como lo es también el último del libro, «Punto final», una ambiciosa poética que no hace sino reafirmar la defensa a ultranza del poema como escudo contra el olvido, contra la furia del tiempo. Se compartan o no estos presupuestos, sorprende al lector esta franqueza, esta naturalidad a la hora de describir los planteamientos estéticos en los que se asienta su escritura, una naturalidad profundamente alejada de quienes justifican sus obras con largos reflexiones salpicadas de referencias filológicas o filosóficas más propias de especialistas en dichas disciplinas que de un poeta. Se ha dicho muchas veces, la mejor poética que puede escribir un poeta se encuentra en sus poemas y ningún ejemplo mejor para confirmarlo que la poesía de Benjamín Prado, que aclara aún más dichos propósitos en los versos finales del siguiente poema, «Nunca es tarde», un poema amoroso, de celebración vital que, sin embargo, contiene toda una poética: «Es así, tan sencillo de explicar: —Ya no es tarde,/ y si antes escribía para poder vivir,/ ahora/ quiero vivir/ para contarlo», un evidente homenaje, por otra parte, a José Manuel Caballero Bonald, poeta que está muy presente en los versos subversivos de Prado, como también lo está Ángel González, que regresa del más allá para aconsejarle.
Hay en estos poemas un deseo explícito de hacer tabula rasa, de comenzar de nuevo sin el lastre del pasado, un pasado que no se rehúye, pero sí se reacomoda en un lugar de la memoria lo suficientemente alejado como para que no ponga ninguna traba al destino que se intenta construir. Mucho se ha escrito sobre este asunto, mucho y bien a lo largo de los siglos y, a pesar de ello, Benjamín Prado consigue imprimir una visión personal a tan trillada cuestión: «Acuérdate: —No existe mayor preso/ que el que duda entre dos puertas abiertas, / ni hay nada más difícil de ignorar/ que las cosas/ que hubieras preferido no saber». Poco lugar al artificio hay en estos poemas que parecen hacer de la sinceridad un don y del amor el motor de la existencia, a la manera saliniana. Un amor quizá en el que ya no se creía, que ya no se esperaba, un amor, y en esto si se diferencia del maestro del 27, a la vista de todos, un amor que cambia la vida del poeta, que le salva de una existencia solitaria. El poema «Segunda juventud» es un buen ejemplo de ello: «Es falso que el amor sea un tren que se marcha./ Es falso que el pasado nos deje siempre atrás./ Las cuerdas que nos atan se sueltan si transformas/ la mano que acaricia en la que dice adiós.// Tenías que saberlo./No podía esperar/ a escribir un poema en que te diese/ las gracias/ por salvarme/ la vida».
Pero no todo es poesía amorosa en este libro, no todo gira en torno de las emociones que experimenta un hombre enamorado, aunque esta circunstancia afecte de modo notorio a su percepción del mundo. Benjamín Prado ha escrito en libros anteriores poemas relacionados con el compromiso ético y civil del poeta, pero quizá nunca como ahora ha fusionado ese yo postromántico, individualista con el yo solidario que ve en el mismo amor una variante más del compromiso con los demás. El poema «Tablón de anuncios» es un ejemplo perfecto de lo que digo: «Ya sé que este es un libro que habla de ti y de mí; / que aquí no hay sitio / para la usura, / el hambre, / los desahucios, / el miedo, / que ser feliz no es cerrar los ojos / ni las sábanas son lo opuesto a las banderas. // Pero mira esa gente sin trabajo, / el dolor, / la injusticia, / las guerras, / el expolio, / la opresión, / el cinismo, / los pactos de silencio… / Mira cómo funciona / el negocio de la desigualdad: / para que sigan llenas algunas cajas fuertes, / tiene que haber millones de neveras vacías». La identidad del poeta está siempre puesta en cuestión —el poema «Escrito en Lisboa» refleja una toma de postura no frecuentada hasta ahora por Pardo—, pero es a través de los ojos de la persona amada («No quiero seguir siendo quien no soy./ No quiero recordar lo mismo que tú olvidas»), de la mirada ajena como se va configurando, curiosamente con la aquiescencia del autor: «Si te hablo de él —escribe en el poema que tiene a Juan Ramón por protagonista—, podrás saber quién soy:/ alguien que lucha/ a vida o muerte contra sus poemas;/ que quiere detener lo fugitivo/ como el cristal que le da forma a lo transparente;/ que quiere hablar la lengua de la luz;/ que quiere ser sus libros en persona».
«Me obsesiona muchísimo no repetirme, pero también escribir una poesía que sea compartible, que cuente cosas no tanto de mí, sino del lector, que es lo que hace que los libros perduren, por eso hay versos más allá de lo que rodea a la pareja», explica Benjamín Prado en una entrevista reciente, y entre los mejores versos que mantienen las relaciones de pareja a debida distancia se encuentran algunos de los más hermosos y emotivos de todo el libro, los del poema «Su viva imagen», dedicado a la memoria de su madre: «Ahora que mi madre ya no está […]/ guardaré sus palabras, custodiaré sus huellas;/ y jamás voy a darla por perdida:/ la memoria es el margen de error del olvido».
La poesía testimonial tiene mucho de autobiografía, entendiendo por tal no sólo los sucesos vividos, sino los sueños, el acervo cultural, los poetas admirados —un buen número de ellos son homenajeados en estos poemas. El que yo prefiero está dedicado a Auden y Benjamín Prado se vale de la figura del poeta norteamericano para reafirmar sus postilados morales y estéticos. No es un mal ejemplo. Auden, además de excelente poeta y agudo crítico, mantuvo siempre el compromiso con los más débiles en los sucesivos conflictos que le toco vivir, aunque sus ideas y sus actos no fueron siempre bien comprendidos por algunos correligionarios.
Hacía ocho años que Benjamín Prado (1961) no publicaba un libro de poemas. Marea humana es de 2006, aunque durante este tiempo ha visto la luz novelas como Mala gente que camina (2006), Operación Gladio (2011) y Ajuste de cuentas (2013), el libro de relatos Qué escondes en la mano (2013) y los libros de aforismos Pura lógica (2012) y Doble fondo (2014) con los que los muchos lectores del autor han podido satisfacer su apetito, pero, sin duda, un nuevo libro de poemas tan pleno de vida y de poesía (para Prado ambas parecen ser la misma cosa), con la intensidad y la emoción que posee Ya no es tarde descubrirá un nuevo sentido a su obra y colmará hasta las más exigentes expectativas. El amor pacifica y enardece al mismo tiempo su deseo de transformar la sociedad, la compasión, pero también la rabia, el horror, la conflictividad, en definitiva, arraigada en su forma de reescribir el mundo.

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