AURORA LUQUE. FABRICACIÓN DE LAS ISLAS (POESÍA Y METAPOESÍA). SELECCIÓN Y ESTUDIO PRELIMINAR DE JOSEFA ÁLVAREZ VALADÉS.COLECCIÓN LA CRUZ DEL SUR. EDITORIAL PRE-TEXTOS, 2014
A la hora de buscar relaciones y correspondencias poéticas con las que interpretar la poesía de Aurora Luque (Almería, 1962) siempre se llega a un lugar común, se recurre, en primer lugar —otros aspectos a tener en cuenta son el erotismo, la búsqueda de la belleza, su interés por la literatura escrita por mujeres así como su experiencia como traductora— a su formación asentada en la cultura clásica grecolatina, y no es una mera formalidad, ya que es de todos conocido que compagina sus actividad literaria con el ejercicio de la enseñanza de Latín y Griego, porque esta vinculación profesional dista mucho de ser algo accidental, todo lo contrario, en Aurora Luque ambas, poesía y actividad laboral se funden de tal forma que el lector no podrá discernir cuándo empieza la una y acaba la otra: «El poeta se ausenta del poema y entretanto,/ toma café o el sol con los amigos,/ baja en taxi hasta el mar y la metáfora/ se desnuda delgada entre las olas», escribe en el poema «Terraza». La tradición clásica de la que hablamos, especialmente la griega, está integrada magistralmente en sus poemas no sólo en cuanto se refiere a analogías temáticas cuyas fuentes provienen a menudo de aquellos patrones, sino a la impugnación del concepto secular de poesía y a la relación del poema consigo mismo y con la realidad, un asunto éste que ha frecuentado la creación poética con mayor o menor intensidad desde esa antigüedad de la que hablamos hasta la tan traída y llevada posmodernidad de nuestros días y al que Aurora Luque, durante toda su trayectoria poética ha consagrado multitud de poemas, recogidos en su mayor parte en esta antología metapoética, entresacada de libros publicados, pero que también cuenta con algunos poemas inéditos. No está de más recordar que en un libro de 2008, Una extraña industria (nótese la semejanza semántica entre industria y fabricación, palabras que forman parte respectivamente de ambos títulos), Aurora Luque, a través de poéticas, de comentarios sobre libros ajenos, de presentaciones y prólogos dejaba constancia de la permanente reflexión sobre los misterios de la creación poética. Podemos, por tanto, resaltar la pertinencia de un libro como éste, que pone en las manos del lector una selección de poemas que es, al mismo tiempo, un riguroso ensayo y, por qué no, el mapa de una fascinación, mapa en el que el buen lector encontrará las coordenadas que identifican la poesía de nuestra autora.
Josefa Álvarez Valadés, extraordinaria conocedora de la obra de Aurora Luque, a la que ha dedicado artículos y libros, hace alusión al concepto de fabricación y al material tan maleable del que dispone el poeta para fabricar el poema: la palabra. Después de un hacer un somero recorrido por algunos de los antecedentes en dicha exploración metapoética, la experta va trazando un entramado de conexiones entre el poema y la constatación de las limitaciones del lenguaje para trasladar con fidelidad las experiencias más íntimas (la referencia a Platón es obligada), pese a ser consciente de esa traición, la poeta confía en el poder revelador —y acaso salvador, aunque guarde respecto de ello cierto escepticismo: «Casi gasté la vida en aplicarla/ a la literatura, a sus fetiches/ ilusorios e inútiles,/ al extraño amuleto/ que con denuedo arropan las palabras»— de la palabra, porque «Sólo la palabra —escribe Álvarez Valadés— puede, aunque tenga limitaciones, desvelar el auténtico significado de la existencia y traducir la belleza». Esa confianza, un tanto menoscabada, es lo que lleva a Aurora Luque a escribir veros como estos: «No acudo a las palabras limpiamente./ Sólo acaricio aquellas que me queman/ y que saben a labios o a odisea». Evidente la reflexión metapoética dentro del poema está imbricada con versos que reflexionan sobre el deseo, sobre el amor o su ausencia, sobre las picaduras del tiempo, sobre la vida y la muerte, protagonista esta última del magnífico poema con el que se inicia el libro, «Los cantos de Eurídice», cantos, por otra parte, que reivindican la voz oscura, lo misterioso, el componente irracional del comportamiento humano. Posiblemente sean versos de esta intensidad, pertenecientes al poema «Heteronimia», en este caso, los que resuman esa simultaneidad temática de la que hablamos: «De metapoesía y metamuerte/ estallan los poemas y la fe», intensidad muy lograda también en la parte final del libro, integrada por cerca de una veintena de aforismos, género que se adapta como un guante al pensamiento inquisitivo y cáustico y que mantiene con el verso propiamente dicho, una relación estrecha, aunque conflictiva, según defienden algunos de sus practicantes.
En una antología temática como esta, el interesado —y yo me confieso un fiel entusiasta de la práctica metapoética— está tentado de apropiarse de innumerables versos, de la hermosa combinación de clasicismo y cotidianidad —también están llenos de ironía, de celebración, de añoranza— con la que están construidas dichas reflexiones, pero debe conformarse con dejarse empapar por la convicción que las sostiene, por la belleza que las envuelve y por la música que las trasmite. Es un excelente botín que no conviene malgastar en inútiles desmentidos estéticos, en responder a frívolas y arbitrarias reprobaciones sociales. La poesía va en serio, y quien lea esta antología metapoética de Aurora Luque quedará convencido de ello, sin dejar lugar alguno a la más malévola duda.

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