JUAN CARLOS ABRIL. LECTURAS DE ORO. UN PANORAMA DE LA POESÍA ESPAÑOLA. BARTLEBY EDITORES, 2014
La labor que viene desarrollando Juan Carlos Abril como crítico de poesía es del todo encomiable. Desde el restringido observatorio de las publicaciones universitarias y las revistas especializadas en literatura, en formato clásico pero también en formato digital, a las revistas divulgativas o los suplementos de los periódico, la labor de Abril se remonta a los primeros años 90, por eso resulta más que conveniente agrupar una selección de ellas (en la mayoría de los casos, de factura más reciente) en un continente menos volandero, más proclive a la permanencia como es el libro, y de eso se ha ocupado la Editorial Bertleby —una de las punteras en cuanto a edición de poesía se trata— en su colección «Miradas», en la que tienen cabida desde estudios literarios a textos más polivalentes, de carácter misceláneo.
Lecturas de oro recoge 47 reseñas sobre distintos poetas que, como hemos dicho, ya han sido publicadas anteriormente en diversos medios, por esa razón, desde las primeras líneas, el autor nos desvela lo que podemos encontrar en las páginas posteriores: «Se recoge aquí una selección con aquellas reseñas y textos de autores nacidos entre 1965 y 1988, y libros aparecidos entre 2002 y 2014, todas sobre poesía española contemporánea» (esta acotación temporal deja por desgracia fuera a algunos autores de los que Juan Carlos Abril ha escrito en extenso y con inteligencia), pero no hace sólo eso, sino que desglosa toda una teoría del arte de escribir crítica literaria que hunde sus raíces en autores como Eliot, Auden o Cyril Connolly, por más que entre los dos primeros nombres y el tercero haya notables diferencias de ambición estilística e investigadora. El caso es que Juan Carlos Abril afirma en una prosa carente de ambigëdades que «cuando uno se decide por escribir una reseña de un libro, motiva ante todo que del libro tengas algo que decir, o sea que el poemario se presenten lo suficientemente atractivo como para que puedan extraerse de él ideas interesantes», para más adelante añadir que su pasión critica «trata de sacar lo mejor de los libros que escojo, y los escojo la mayoría de las veces por gusto, por interés estético, por curiosidad o como desafío a la hora de hacer crítica […] No sigo una tendencia ni una escuela, ni una corriente, y me gusta acercarme a voces de muy distinto calado».
La ordenación del libro responde más a criterios de orden personal que a pautas de carácter cronológicos o alfabéticos, sin embargo, el autor ha tenido el acierto de emplazar en primer lugar el ensayo titulado «Hacia otra caracterización de la poesía española actual», en el que defiende las características que, a su parecer, distinguen a gran parte de los poetas jóvenes de sus inmediatos predecesores ampliando el abanico de la tradición en la que se insertan (ya lo hizo en la antología Deshabitados, publicada en 2008), características entre las que destaca, no con satisfacción, «su idealismo y, por consiguiente, su alejamiento de propuesta materialistas», un idealismo multiforme que se convierte, según afirma con pesar el autor, en un elemento peligroso que «No deberíamos seguir llamando de cualquier manera —con los rodeos y los eufemismos más absurdos— a una poesía que especula con la banalidad, con el himno sacralizado y sacralizante, reivindicando como en el siglo XIX al poeta-vate, iluminado y que postula una nueva religión, ya sea ésta de la vida o de la poesía, tanto da. Y esta es la poesía que está triunfando ahora, una poesía a la que se le ha extraído la experiencia, la parte sensible, desemantizándose». Se esté de acuerdo o no con esta crítica, lo que sí podemos afirmar es que, afortunadamente, las reseñas que se reproducen a continuación, dan fe de que en nuestro país se escribe otra poseía que sortea sin dificultad los peligros a los que alude Abril y se cimienta en asuntos de mayor alcance, desarrollados con una riqueza de modulaciones realmente admirables, modulaciones, inflexiones que hacen de la poesía actual un hervidero creativo donde conviven, acaso como en ninguna otra época, múltiples formas de abordar el hecho poético, desde el minimalismo formal, hasta el surrealismo pasando por la narratividad fragmentada y elíptica o el coloquialismo trascendente, ninguna de ellas, por otra parte, estancas, y cada uno de estos abordajes cuenta con una nómina de poetas magníficos y en constante evolución, muchos de los cuales son los protagonistas de los atinados comentarios de Juan Carlos Abril, que dedica la mayor parte de los mismos a poetas nacidos a partir de 1970, es decir, los poetas que integran la generación posterior a llamada generación de los ochenta (ésta abarca, —según el polémico y escurridizo, pero canónico, periodo quincenal— a los nacidos entre 1955 y 1970). Poetas como Abraham Gragera, Juan Carlos Bernier, Carlos Pardo, Josep M. Rodríguez, Luis Bagué, Antonio Lucas o Sergio Arlandis, por citar sólo a algunos, pero —y el propio Abril nos advierte de ello cuando escribe que «Éste de arco de edad, que llega a estar separado en sus propios extremos por un periodo de quince años, propicia que se fusionen aquellos que publicaron precozmente con la generación o generaciones precedentes, y los que publican ya casi entrados en la madurez con los más jóvenes de la que les sucede»— también podemos leer brillantes comentarios sobre poetas en su madurez más en su cúspide, como Álvaro García, Lorenzo Oliván, Luis Muñoz o José Luis Piquero. Resumiendo, Lecturas de oro es un compendio crítico imprescindible para quienes deseen profundizar en las claves epistemológicas de la poesía actual, escritas con el hilo conductor de la pasión poética y de la generosidad lectora del también magnífico poeta, Juan Carlos Abril. Una lectura muy recomendable para quien desee conocer de primera mano los caminos por los que discurra la poesía que se está escribiendo en este preciso momento.

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