RAMÓN SÁNCHEZ OCHOA. POESÍA DE LO IMPOSIBLE. GERARDO DIEGO Y LA MÚSICA DE SU TIEMPO. PRE-TEXTOS. FUNDACIÓN GERARDO DIEGO, 2014
Figura indiscutible de la generación del 27, Gerardo Diego ha pasado a la historia no sólo por su perfección y su versatilidad poéticas, sino por ser quien dio forma a dicha generación a través de sus célebres antologías de poesía española (1932 y 1934), pero en la obra de Diego están indisolublemente unidas, además, poesía y música, un aspecto este último menos conocido y quizá eclipsado por la faceta musical de Lorca. Sin embargo, Diego conjugará magistralmente sus propias ideas estéticas, sus convicciones creativas, en las que tendrán cabida tanto lo clásico como lo romántico, lo tradicional y la vanguardia en ambas disciplinas, en la poesía como poeta y en la música como intérprete. Y es que, a pesar de que su pasión por la música es muy temprana —su primer maestro le enseño los rudimentos del solfeo y le inició en la práctica del piano— nunca siguió de forma sistemática estudios musicales, lo que, si cabe, confiere mayor mérito a una dedicación perseverantemente fiel que ha dado unos frutos casi inabarcables, como confirman los cientos de artículos de carácter didáctico que escribió sobre compositores o escuelas musicales, los incontables conciertos que impartió y los numerosos poemas que dedicó a la música (recientemente se ha publicado una antología a cargo de Antonio Gallego titulada Poemas musicales en la editorial Cátedra y se anuncia la publicación completa y definitiva de los artículos que dedicó a la música por parte de la Fundación Gerardo Diego). Su formación musical se consolidó en los ensayos regulares de piano, en la asistencia a conciertos, en lecturas y en conversaciones con intérpretes y directores contemporáneos, con alguno de los cuales, como Óscar Esplá, Falla, Regino Sainz de la Maza o el prematuramente desaparecido Ataulfo Argenta, fraguó una afectuosa amistad.
Ramón Sánchez Ochoa, profesor de Estética y de Historia de la Música además de doctor en Filología y en Musicología, ha escrito un pormenorizado estudio sobre los orígenes y el desarrollo musical de un poeta que confesaba «ser poeta porque no he podido ser músico», lo que le ha valido obtener el XII Premio Internacional «Gerardo Diego» de Investigación Literaria. Durante más de seis décadas Diego escribió regularmente sobre música, como es lógico, con distinta intensidad e intención, orientados en muchas ocasiones por el soporte que los acogía. Así, como escribe Sánchez Ocaña «Muchos son textos escritos a vuela pluma, sin apenas correcciones, al dictado de la actualidad más inmediata […] Frente a ellos se sitúan escritos más documentados que sondean en profundidad el universo de un compositor, formas y géneros como la balada, la cantiga, el lied, la sonata o el nocturno, problemas de estética comparada entre música, literatura y otras disciplinas artísticas, o cuestiones de carácter filosófico sobre la naturaleza del sonido o su relación con el silencio, el espacio, la naturaleza y lo divino».
Diego ofrece su primer concierto público en Bilbao —ciudad en la que cursaba sus estudios— durante el curso 1915-1916. Será poco después, en 1920, ya en Santander, donde simultaneará por primera vez el concierto con la conferencia musical, una fórmula que le dio un éxito constante y que practicará hasta edad muy avanzada. Federico Sopeña, en frase citada por Sánchez Ochoa, lo describe perfectamente: «Un piano servidor de la palabra exacta y poética, una palabra que se engarza con la cadencia misma del piano: eso son las conferencias-concierto de Gerardo Diego».
Cuatro son los maestros que Diego ensalza por encima de todos, «los evangelistas de la música nueva» los llama: Ravel, Stravinsky, Bartók y Falla, pero su repertorio es mucho más variado, aunque predomine en sus conciertos una música de carácter más íntimo, más sobrio, alejado de disonancias y antagonismos difícilmente asimilables por la mayoría del público asistente. Así, alternan con los anteriormente mencionados, obras de Schumann, Schubert, el muy admirado Chopin, Debussy, Liszt o Beethoven, todas ellas con un denominador común, sencillez, equilibrio formal y una contención expresiva, desgarrada en muchas ocasiones por las turbulencias románticas. Diego se califica a sí mismo como «un amador dileitante» de música y como tal imparte las conferencias-concierto o escribe los numerosos artículos, con esa afortunada mezcla de intérprete y degustador no inscrito en ninguna doctrina o escuela musical, ecléctico en sus gustos, como le ocurre en su creación poética. Diego es, como acertadamente resume Sánchez Ochoa, «Un autor, en suma, que escucha como músico, analiza como creador y escribe como poeta». Poesía de lo imposible. Gerardo Diego y la música de su tiempo se completa con un anexo documental y otro de poemas, así como un abundantísimo aparato de notas y una exhaustiva bibliografía que incluye una selección de los textos en prosa sobre música aún sin editar conjuntamente. Todo ello hace de esta edición una obra imprescindible para conocer la vertiente musical de uno de los poetas mayores del pasado siglo.
Publicada en el nº 114 de la revista CLARÍN

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