MARTÍN LÓPEZ-VEGA. MAPAMUNDI [POEMAS DEL SIGLO XX]. LAS ISLA DE SILTOLÁ. COL.LEVANTE. 2014
Hace unas semanas comentábamos en estas páginas el último libro de poemas de Martín López-Vega, La eterna cualquiercosa, y anunciábamos la aparición, casi simultánea, de este Mapamundi. Poemas del siglo XX, un libro de libros, como lo fue en su momento Equipaje de mano (2000), porque ambos están integrados por poemas de un gran número de poetas de países y culturas diferentes, generalmente representados, en el libro que nos ocupa, por uno o dos poemas, salvo contadas excepciones, como Czesław Miłosz o Vasko Popa, lo que no sorprenderá al lector informado, pues ambos forman parte de esa antiguas y reiteradas querencias de López-Vega, donde también se encuentran los poetas Yehuda Amijai, Tomas Venclova, Mahmud Darwish o Charles Simic, aunque, en esta ocasión, su representación en forma de poemas sea menor. López-Vega no pretende realizar una antología de poesía contemporánea universal, sino ofrecer una muestra escogida y limitada, como no puede ser de otra forma, por los criterios editoriales de la colección donde se engloba, un mapamundi personal cuya geografía obedece no solo a razones cualitativas sino a motivos sentimentales, algo que debe valorarse en su justa medida, pues sólo desde la admiración y la complicidad se pueden acariciar el sentido original del poeta escogido. De las muchas teorías que se barajan a la hora de traducir un texto, Martín López-Vega apuesta por aquella que da prioridad al espíritu del poema por encima de la literalidad, aquella que defiende que se debe escribir un poema nuevo sobre la base del poema original, desoyendo las voces de quienes afirman que sólo desde el acatamiento —la veneración, podríamos decir— al poema original, se puede ser fiel al significado primero. «La traducción literal —decía Borges—tiene que ser forzosamente la más infiel de todas, ya que, si pierde la cadencia, las metáforas quedan reducidas a ecuaciones». Presumo que las versiones que López-Vega nos entrega en este libro hacen suya la aseveración del argentino, y ésta es la razón por la cual, el excepcional catador de poesía que es desde siempre López-Vega consigue deslumbrarnos nuevamente con las versiones de poetas tan conocidos como los más arriba citados, pero además descubre al lector, al menos al lector que escribe estas líneas, poetas aún no divulgados, o divulgados insuficientemente, en nuestro idioma, como el albanés Dietro Agolli (1931), poeta con el que comienza el particular mapamundi o el tunecino Moncef Luhaibi (1949). En medio, cerca de ochenta poetas de una treintena de países tan distintos como, pongamos por caso, Rusia o Mozambique, Chequia o Nueva Zelanda, pero también China o Santa Lucía. Poetas aún en activo, bastante jóvenes en algunos casos, como el polaco Tomasz Róṙycki (1970), el macedonio Nicola Madzirov (1973) o el esloveno Aleš Šteger (1973) junto a otros que se han convertido en autores clásicos del acervo universal, como Montale, Brodsky, Frost, Simic, Seferis, Elitis, el esloveno Salamun, Vladimir Holan, Seamus Heany, Herbert o Auden, de quien tomamos esta reflexión sobre la poesía que nos ayudará a entender y valorar como se merece el trabajo colosal que realiza López-Vega y que ahora sus lectores tenemos la suerte de paladear en la soledad de nuestro escritorio: «Sucede que me encanta traducir. Teóricamente, es imposible. Uno tiene que tratar de hacerlo. Pero además de lo divertido que es, pienso que es bueno traducir. Uno siempre encuentra algo sobre su propio lenguaje. Por ejemplo, uno adquiere el hábito de preguntarse: “¿y esto qué significa?” Nos hace notar la decadencia en la precisión del lenguaje». Esta edición, además de merecer una calurosa bienvenida, me anima a formular un deseo: que no haya que esperar otros catorce años para leer una nueva colección de poetas del mundo de mano tan inteligente y experta como la de Martín López-Vega.

Anuncios