ROSANNA WARREN
HORTENSIA

Desde el fondo del jardín, encumbrado en su tiesto de barro,
el dios hortensia inspecciona a sus seguidores
— los agapantos inclinando su tornasolada corola,
los cálices rojos de la begonia haciendo honor a su fama,
las hojas de la adelfa presumiendo de sus fechorías.
El sendero central conduce directamente a él. Detrás,
un espejo mugriento y la pared cubierta de musgo reafirman su poder.
Miles de pequeñas formas blancas contraídas se despliegan en su seno,
con volantes y orlas superpuestas. Ningún otro
propaga tan bizantina metafísica. Nadie
puede leer su mente. Evoca
a la fortaleza secreta de los niños en los cipreses
entre tupidas malas hierbas, calderos oxidados, fresnos abandonados,
y cómo los adultos pierden la gracia cuando cae la noche.

Versión de Carlos Alcorta

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