ROSANNA WARREN
HOMBRE EN EL ARROYO

Estás de pie en el arroyo, manchados de barro
tus antebrazos, un mosquito sanguinolento en tu frente,
la camiseta amarilla empapada sobre tu pecho
mientras la corriente se desliza entre tus piernas,
ambarina, verdusca, desenredando
la historia de hoy, la última noche de trabajo duro. . .

Miras fijamente al castor padre, cara a cara,
pero apartó la vista de ti, que violentas su mundo,
que, aun reticente, lo has despojado de su guarida,
ramas troceadas con los dientes, ramas amasadas con fermento,
aunque la víspera atraigas la atención del zorzal
y persigas la llama titilante en el grano del abedul amarillo.

La muerte nos supera. Raíces vencidas
de árboles caídos se aferran todavía al pelaje granítico del musgo.
Los líquenes se calcinan sobre la madera podrida, los hongos vuelan en volutas.
Yo quería un día resquebrajado, para que penetrara la luz divina.
El bosque es siempre oscuro, pero resplandece,
el abedul ventea su transformación de hoja en hoja,

y nosotros, que nos desintegramos a nosotros mismos nos desintegraremos
si sabemos, sólo si sabemos
cómo fundirnos en esta luz descuidada.
Versión de Carlos Alcorta

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