CHARLES BERNSTEIN. BLANCO INMÓVIL. EDICIÓN DE ENRIQUE WINTER. KRILLER 71 EDICIONES, 2014
La traducción de poesía goza en nuestro país de un momento especialmente favorable. Son numerosas las editoriales que, regularmente, incluyen en su catálogo a autores foráneos y se preocupan por difundir la poesía de otras tradiciones distintas a la nuestra con resultados más que notables. La oferta es muy variada, pero esta variedad está muy lejos de agotar las oportunidades casi ilimitadas que brinda la literatura universal. Esta circunstancia la ha asumido eficazmente la editorial Kriller 71, editorial que, pese a su juventud (vio la luz hace poco más de dos años), a juzgar por la nómina de autores que publica, tiene las ideas muy claras al respecto, por lo que ha redoblado la apuesta por poetas y obras de otras latitudes, desde los peruanos Rafael Espinosa y Antonio Cisneros, este último recientemente fallecido a María Rosa Maldonado, argentina de origen español, los brasileños Ricardo Domeneck, Paulo Leminski o Marcos Siscar, hasta los norteamericanos Richard Jackson, Mary Jo Bang, Robert Bringhurst o Charles Bernstein, el autor del que hoy nos ocupamos.
Pese a que Bernstein es autor y editor de más de cincuenta libros, entre ellos una veintena de volúmenes poéticos —entre los más recientemente están Recalcular (2013) y Ataque de los poemas difíciles: Ensayos y Invenciones (2011), ambos de la Universidad de Chicago y Todo el whisky en el Cielo: Selected Poems (2010) de Farrar, Straus and Giroux, Press, (2011). Charles Bernstein (Nueva York, 1950) es prácticamente desconocido en nuestro país, salvo por su vinculación a la revista L = A = N = G = U = A = G = E, fundada junto con Bruce Andrews a finales de la década de los 70 para amparar un movimiento poético que propone, en palabras del poeta y crítico Esteba Pujals Gesalí —autor de la antología poesía norteamericana La lengua radical, en la que incluye a nuestro autor— «un ensanchamiento radical de los horizontes del poema, restringidos, desde su perspectiva, por nociones intelectualmente anacrónicas y políticamente ingenuas del sujeto y de la referencia lingüística y por el prestigio de una discursividad lógica totalitaria, represiva, en el ámbito de la escritura, de la creatividad verbal del poeta y del lector, como en el del habla del hablante». Este desconocimiento es quizá consecuencia, tanto de la radicalidad de estas propuestas, como de las tesis que defiende sobre la autoría del poema, autoría que Bernstein considera como una lacra, algo irrelevante, que tiene un papel secundario, a favor de un yo múltiple, diluido en las voces del entorno. Como él mismo afirma, «el poema existe en una red de relaciones sociales e históricas que tienen un papel más relevante en la conformación de un texto que las cualidades personales de la vida o de la voz de su autor» Actualmente ejerce como Donald T. Regan Profesor de Inglés y Literatura Comparada de la Universidad de Pennsylvania y es, entre otras muchas cosas, co-fundador y co-editor, con Al Filreis, de PennSound (writing.upenn.edu/pennsund) y editor ejecutivo del Centro de Poesía Electrónica de Suny-Buffalo. Es también coeditor, con Hank Lazer, de Arte Moderno y Contemporáneo Poética, una serie de libros de la Universidad de Alabama Press (1998). Ha sido anfitrión y co-productor de salto de línea y cerrar Escuchar, dos series poesía radio. Como se puede apreciar en esta sucinta y obligatoriamente resumida trayectoria, el que un autor de este calibre carezca de proyección en nuestro idioma sólo puede ser debida a cierta miopía intelectual que, como toda tara, conduce a ignorar lo ajeno por el mero hecho de serlo.
Gracias a la edición de Enrique Winter—autor también de la edición Abuso de sustancias, para la editorial chilena Alquimia ediciones— para Kriller 71, podemos corregir este desatino. En su documentado prefacio, Winter pergeña unas claves que consideramos necesarias para internarnos en la poesía de Charles Bernstein, poesía nada complaciente con ese lector acostumbrado a poéticas más discursivas, más legibles, menos experimentales, más vinculadas a las derivas de la realidad, que enlaza con una tradición representada en Norteamérica por poetas de la estirpe de Emily Dickinson y Gertrude Stein Las ideas estéticas que difunde a través de foros y ediciones tienen más que ver, como escribe Winter, con «facultar a los lectores para entender cómo funcionan los sistemas impuestos y, con ello, poder modificarlos, sea a través del lenguaje o la revolución». Blanco inmóvil, el título elegido para esta antología, es también el de un poema incluido en su libro Controlling Interest, que le catapultó a la primera línea de los llamados poetas del lenguaje. Pero esta selección no abarca sólo una voz de Charles Bernstein, sino que esclarece las numerosas propuestas que contiene su obra, multifacética y de «aristas disímiles», y para llevar a buen fin este empeño, Winter selecciona «a lo menos un poema de cada una de las veintiocho publicaciones autónomas». Con tanta variedad compositiva, la labor del traductor ha tenido que estar revestida de una capa de abnegación realmente elogiable, porque no puede resultar fácil trasponer las diferentes personalidades poéticas que alimentan sus poemas, las voces heterogéneas, tanto en la forma como en el contenido, que resuenan en poemas narrativos o elípticos, metafísicos o metalingüísticos, biográficos o testimoniales. Nadie mejor que el propio Winter para explicar el proceso: «El ejercicio consistió en trasvasar un idioma nuevo a uno viejo para que también se volviera nuevo. Además, y a diferencia del castellano, en el inglés es natural que los verbos actúen como sustantivos y viceversa sin cambiar una sola letra, incluso como adjetivos, licencia que Bernstein utiliza habitualmente». Conviene no perderse esta edición de uno de los poetas norteamericanos más influyentes en su país. Muchos de quienes se tienen por precursores de tal o cual movimiento, de tal o cual descubrimiento, se encontraran con que un poeta inexplorado lo había puesto en marcha muchos años antes.

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