ROSANNA WARREN

UN CAMINO

El truco perfecto…consiste en salir de su propia luz.
Marianne Faithfull

Ella dijo que cantaba muy cerca del micrófono
para modificar el espacio. Y modifiqué el espacio
descendiendo al atardecer por el Boulevard Raspail con vaqueros ceñidos
hasta que un ingeniero argelino sustrajo la pluma de mi bolsillo trasero.
Como si tú estuvieras dentro de mi cabeza y escuchará la canción desde allí.
Él llegó desde el desierto, yo
desde frondosos suburbios. No entendimos
nada el uno del otro a través del envase metalizado del vino tinto.
Yo estaba jugando a ser una chica. Él jugaba
a ser un hombre. Se barajaban varias posibilidades, todas
fallidas. Una tenía que ver con mi provocativa camisa negra
y mi cabello claro, sus anchos hombros y su hambre
después de meses en una plataforma petrolífera. Otro
era intraducible. Apollinaire
quemó sus dedos a fuego lento en la lira de junio
pero yo había perdido mi pluma. El ingeniero
leía sólo manuales de construcción. Su habitación
era sombría y estrecha y no,
la historia no sucedió de esa manera, aunque hay muchas maneras
de engañarse a sí mismo.
Una cantante lo hizo viviendo al borde del abismo
hasta que destrozó su voz, pero aún así ofrecía cada canción,
dijo, como un artilugio de los Apalaches.
Como basura a lo largo de la orilla del río entrechocándose en el muelle
botellas de plástico una camisa desgarrada muñecas rotas
a través de las cuales la corriente se carcajea en una melodía íntima.

Versión de Carlos Alcorta

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