ROBERT HASS. EL SOL TRAS EL BOSQUE. TRADUCCIÓN Y PRÓLOGO DE ANDRÉS CATALÁN. EDITORIAL TREA, 2014
Los admiradores de Robert Hass (San Francisco, 1941) hemos tenido que esperar un tiempo que se ha hecho demasiado largo para volver a leer un libro suyo. Tiempo y materiales (Premio Pulitzer 2007), traducido por Jaime Priede para la editorial Bartleby, data de 2008, y un año antes Julio Mas Alcaraz incluyó una selección de sus poemas en la antología de poesía actual norteamericana titulada La diferencia entre Pepsi y Coca Cola, publicada por Ediciones Vitruvio en 2007. Es cierto que su obra no es muy amplia, sólo cinco libros desde 1973 —fecha de publicación de su primer libro, Field Guie— a los que hay que añadir la edición de la obra completa en 2010, The Apple Trees at Olema, que aporta diez poemas inéditos. Desde entones, salvo algunas esporádicas traducciones, no siempre meritorias, de su obra en revistas digitales, no habíamos tenido la oportunidad de leerlo en profundidad, como ocurre ahora con El sol tras el bosque (con el obtuvo el National Book Critics Circle Award en 1996), libro que, como hemos señalado, esperábamos con cierta ansiedad que se ha visto satisfecha con creces en esta magnífica edición de Andrés Catalán, uno de los poetas jóvenes de mayor proyección en nuestro país y un excelente traductor de poesía norteamericana.
Robert Hass es, además de poeta— Poeta Laureado entre los años 1995 y 1997—, un reconocido crítico —en 1984, publicó la colección de ensayos Twentieth Century Placeres, donde el autor examina a escritores norteamericanos (incluyendo a Robert Lowell y James Wright ), así como poetas europeos y japoneses— y traductor. Ha dedicado muchos años, décadas, a la poesía de Czesław Miłosz y a estudiar la poesía japonesa, los haikus de Basho, Bushon o Issa, por citar unos ejemplos, a pesar de estar dicha estrofa tan breve y contenida, tan alegórica, aparentemente alejada de la experiencia estética que gobierna sus poemas, caracterizados por un estilo conversacional, por un discurso narrativo de largo recorrido, por una minuciosa descripción de los detalles, y digo aparentemente, porque una lectura atenta nos puede descubrir extrañas similitudes, como la imaginería basada en la naturaleza o en los hechos cotidianos y la claridad expositiva. Hass ha sido también canciller de la Academia de Poetas Americanos desde 2001 a 2007 y este año 2014, se le ha otorgado el Premio Wallace Stevens de la Academia de Poetas Americanos.
Catalán escribe un documentadísimo estudio introductorio de carácter bibliográfico en el que sitúa geográfica y estéticamente a Hass como un poeta del Oeste y, por tanto, renuente en principio a las influencias de la poesía europea, influencias más visibles en los poetas de la Costa Este. «De California serán los poetas con los que se relaciona y que le influyen en sus inicios; de California será la fauna y la flora que describe con precisión de avezado biólogo; de California los paisajes donde se enmarquen la mayoría de recuerdos personales», lo que condicionará de un modo determinante tanto la relación de su poesía con el entorno, abordado de forma crítica, no como mero escenario, en muchos de sus poemas, como su propia conciencia social, compromiso que conducirá a reivindicaciones de carácter ecológico y social, a su defensa de la naturaleza, en la cual ha tenido mucho que ver su admiración por la poesía tradicional japonesa y unas creencias personales cercanas al budismo .«Muchos de los poemas de Hass —escribe Catalán— girarán en torno a las relaciones entre poesía y política, o directamente sobre política», como no podía ser menos en un poeta que posee un escrupuloso respeto por la palabra, que arremete contra cualquier forma de manipulación semántica: «Están —escribe Hass en el poema titulado “Inglés: Una oda”— aquellos que piensan que sencillamente es de mal gusto/ mencionar con frecuencia los problemas sociales y políticos/ en los poemas». Por otra parte, el siempre infructuoso tránsito que se obra entre la palabra y lo que intenta nombrar, un asunto que ha inquietado e inquieta a muchos poetas (Octavio Paz, entre otros, escribió con rigor y abundancia sobre ello), el artefacto verbal que intenta aprehender lo inasible es un permanente motivo de reflexión, de manera más o menos evidente según los casos, en los poemas de Robert Hass. La precisión en el lenguaje es obligada cuando se escribe con la intención de describir hasta el mínimo detalle de la escena. Sólo de esta forma puede el poeta dar forma a un mundo complejo que él intenta parcelar, acotar en un espacio que las palabras puedan abarcar sin perderse en vaguedades carentes de sentido. Nombrar es poseer, parece pensar Robert Hass, y acaso, aunque sea consciente de la artimaña que esto encubre («A veces es bueno que la poesía haga por desengañarnos»), sea válido como coartada para perseverar en esta tentativa sin fin, porque, y son palabras del propio Hass que subraya Catalán, el lenguaje «nos ofrece una manera de ligarnos a él sin que tengamos que reivindicar su posesión».
Después de un conciso pero indispensable recorrido por los libros precedentes de Robert Hass, Andrés Catalán se centra en El sol tras el bosque, el libro que, tras leer en profundidad la obra completa del norteamericano, ha seleccionado para traducirlo, y ofrece unas claves que ayudarán al lector a situarse desde un mirador virtual, muy favorable para observar sin ser visto, para comprender sin pedir explicaciones. Incide Catalán en la presencia, quizá más acusada que en otros libros, del matiz autobiográfico—las referencias a la infancia y al alcoholismo de su madre son reiteradas—, como también se hace más evidente la reflexión de carácter metapoético, que se filtra en la propia elaboración del poema o el fervor casi místico por el lenguaje: «vivimos nuestras vidas en el lenguaje y en el tiempo». La poesía de Robert Hass es lírica y discursiva a la vez, prescinde, en numerosas ocasiones, de la temporalidad lineal, dejándose llevar por los meandros de la memoria, sus poemas poseen una facilidad engañosa, por eso debemos resaltar el impecable trabajo que ha realizado Andrés Catalán para que funcionen en castellano con la soltura y la habilidad que lo hacen, divulgando una construcción del poema que carece casi por completo de antecedentes en la lírica española, si exceptuamos algunos sondeos recientes de jóvenes poetas que aún deben pulir el exceso de retórica innecesaria. Satisfecha nuestra ansiedad sólo momentáneamente, los lectores de Hass estamos deseando leer ya un nuevo libro o, aún mejor, la traducción de las obras completas. Esta edición, junto con la de Tiempo y materiales de Jaime Priede, representa un esperanzador inicio.

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