STANISŁAW BARAŃCZAK. ANTOLOGÍA POÉTICA. SELECCIÓN, TRADUCCIÓN Y ESTUDIO PRELIMINAR DE ANTONIO BENÍTEZ BURRACO Y ANNA SOBIESKA. EDICIONES TREA, 2014
Desde haces unos años —no muchos, apoco más de un decenio—, la poesía polaca, una de las tradiciones más interesantes de Europa, disfruta de una merecida resonancia en nuestro país, gracias, sin lugar a dudas, a la labor de señaladas editoriales como Ediciones Trea, galardonada recientemente con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2014 y de un grupo tenaz de traductores que han apostado por verter a los autores más representativos de dicho país a nuestra lengua. Desde la publicación de la Antología de la poesía polaca a cargo de Fernando Presa González en la editorial Gredos, en 2006, cuyo arco temporal abarca desde el siglo XIII hasta la Primera Guerra Mundial hasta la poesía más reciente, de la cual se ocupa Poesía a contragolpe, una antología que escoge poetas nacidos entre 1960 y 1980, elaborada al alimón por tres de los mayores expertos en la poesía polaca, como son Gerardo Beltrán, Abel Murcia y Xavier Farré , pasando por las ediciones de algunos de los nombres más significativos de la poesía contemporánea, como Adam Mickiewicz, Zbigniew Herbert, Czeslaw Miłosz o Wislawa Szymborska, todos ellos fallecidos, por no mencionar a Julia Hartwig o Adam Zagajewsky seguramente, junto con Stanisław Barańczak, los poetas de mayor proyección internacional, gracias, en buena medida, a vivir fuera de su país, en este caso en Estados Unidos.
Stanisław Barańczak (1946 Poznań) es poeta, crítico literario, articulista, editor, profesor y, como escribió Miłosz — Barańczak redactó el prefacio para un estudio de la obra de Miłosz, The Poet’s Work: An Introduction to Czeslaw Miłosz, realizado por Leonard Nathan y Arthur Quinn en 1991 —, «un hábil traductor» (recibió el Premio de Traducción PEN con Clare Cavanagh en 1996). Estudió Filología Polaca en la Universidad Adam Mickiewich, en la cual ejercería posteriormente como profesor. En 1981, año en el que el gobierno polaco decreta la ley marcial opta por exiliarse a Estados Unidos, donde trabajará como profesor en la Universidad de Harvard. Como afirman los autores del minucioso estudio introductorio, Benítez Burraco y Sobieska, «su nombre está ligado fundamentalmente a Nowa Fala, un calco del francés Nouvelle vague con el que se conoce universalmente a la generación de poetas más importantes de la Polonia Popular, de la que también formaron parte Julian Kornhauser, Adam Zagajewsji, Ryszard Krynicki o Ewa Lipska».
La Antología poética que comentamos recoge poemas de casi todos sus libros, aunque su primera etapa poética, la que abarca desde De un trago (1970), su primer libro, hasta Sé que es un error. Poemas de los años 1975-1976 (1977) no posea la misma relevancia editorial que los libros posteriores. La poesía que escribe Barańczak en este decenio tiene un marcado carácter de crítica social y política, un realismo crítico acompañado de una suerte de experimentación lingüística difícil de trasladar a nuestra lengua. A medio camino entre la subversión y el juego semántico, la instrumentalización del lenguaje conjugada con una penetrante ironía actúa como herramienta retórica y como arma de denuncia, establece un diálogo entre el yo y lo colectivo que trata de formalizar un discurso crítico con la época en la que escribe dichos poemas, y es que son tres los armazones que sustentan la poética de Barańczak, la ética, la política y la literaria, es decir, la construcción del ser amenazado por una ideología que rechaza la individualidad; la falta de libertades y de porvenir en un país bajo el yugo del telón de acero y la tergiversación del lenguaje y todo lo que dicha transformación conlleva. «Esta “poesía política” —escriben los autores del estudio preliminar— de los años setenta contiene ya el germen de los intereses y de los logros de la poesía posterior de Barańczak, al trascender, en muchos casos la difícil coyuntura de la época y ocuparse de cuestiones universales».
Esta inquietud de orden político y social va dando paso, poco a poco, a una reflexión metafísica producto de una concepción del poema como análisis del yo, si no al margen de su circunstancia concreta, sí en busca de su lugar en el mundo, más en consonancia con la sensación de vacío existencial que acucia al poeta: «A nosotros, que, adiestrados en encogernos, en resguardar nuestras manos,/ en medio de un siglo como este y de unas orillas como estas, en los que nada nos protege/ de la corriente de disturbios, de ventiscas, soñamos lúcidamente, definitivamente curados/ de la ilusión de que la vida pueda hacernos entrega, con su cálida manita,/ de algo perdurable», escribe en el poema «1.11.79. Elegía primera. Previa al invierno» del Tríptico del hormigón, el cansancio y la nieve (1980), pero será a partir de la caída del Muro de Berlín, «cuando su poesía se oriente definitivamente hacia lo metafísico y lo escatológico, como sucede en sus dos últimos grandes libros, Viaje de invierno (1994) y Precisión quirúrgica (1998), de los que hay una valiosa representación en esta antología. Escrita generalmente en versos de largo aliento y de corte netamente discursivo en los que no escasean, sin embargo, alteraciones del lenguaje que proporcionan múltiples grados de significación, innumerables matices a los versos, ni experiencias radicales que provienen de su propia biografía, del pasado como fuerza que moldea el presente, de la desilusión y del fracaso, y que no son fáciles de entender sin cierta lectura histórica de los textos, Barańczak entiende la poesía como salvación personal— a pesar del abismo que existe entre la palabra y el objeto—, como instrumento para transformar la realidad, como una forma de tomar conciencia de la impenetrabilidad del mundo en el que vivimos y de indagar en las leyes que lo gobiernan («El hombre corriente podría , maldita sea, decidir de una vez por todas quién es./ ¿Un pozo de verdad moral o una alcancía de miserable codicia»), razones todas ellas que justifican sobradamente la lectura de este apasionante pequeño gran libro.

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