JESÚS APARICIO GONZÁLEZ. LA PACIENCIA DE SÍSIFO. LIBROS DEL AIRE, 2014.
Jesús Aparicio González publica un nuevo libro en la editorial Libros del Aire —la misma en la publicara su anterior libro, el díptico La papelera de Pessoa/ La luz sobre el almendro—, La paciencia de Sísifo, que guarda muchas similitudes tanto formales como estilísticas con los anteriormente citados. El poeta de Brihuega (1961) mantiene una estrecha relación con la poesía, una dedicación constante de la que dan cuenta los poemas de la primera parte de este libro, «Hojas de calendario», todos ellos fechados, lo que permite al lector seguir la secuencia creativa de este autor que recrea en sus poemas la parte más cercana y humilde de lo que nos rodea, los sentimientos más a flor de piel, la trascripción de algunos momentos del pasado salvados por la memoria, en su flujo azaroso e incomprensible.
La segunda parte del libro, de título similar a la obra completa, «La paciencia de Sísifo», conserva el mismo afán de significar los detalles, la misma devoción por la palabra, idéntica hondura en la búsqueda de las consignas que la memoria presta al presente en ese intento de comprensión, generalmente parcial, cuando no vano, de la identidad personal, marcada por sucesos concretos pero no siempre reconocibles en su momento, que la primera parte, de hecho hay poemas que sólo la particular visión del poeta puede encuadrar en una u otra sección, como la nerudiana «Oda al reloj», fechada en marzo de 2012 e inserta en la primera de las partes, y «Elegía a una manzana», que pertenece a la segunda sección. Y es que los tres motivos, a nuestro modo de ver, sobre los que gravita la poesía de Jesús Aparicio, la memoria de la infancia, la escritura y la naturaleza (no los grandes espacios ni la fauna o la flora más espectaculares), temas universales que no por manoseados impiden que la mirada del poeta los describa de una forma distinta, están presentes alternativamente en la mayoría de los poemas. La actitud contemplativa, mezcla de recogimiento y de homenaje, la desnudez formal que se aprecia en Jesús Aparicio González nos recuerda al ascetismo de un Fray Luis y, más cercano en el tiempo, a un poeta como José Luis Puerto. La comunión con la naturaleza y, por ende, la huida de lo terrenal más prosaico y una cierta idea de moral implícita en los versos así como la expresa gratitud por el decir o el poder que confiere a la palabra: «Una sola palabra bastaría/ para alumbrar castillos sin raíces», escribe en el poema «Una sola palabra» son algunos de los rasgos de una poesía que parece inyectar en el autor un efecto salvífico. La palabra como redención, como promesa de un futuro que sólo tiene verdadero sentido si fluye desde la fuente inagotable de la infancia, sustento imperecedero del ser.

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