ADAM KIRSCH

MI ESPOSA EN LA ALEGRÍA Y EN LA TRISTEZA, 1911

1

Ahora desconcertados por ser tan distintos,

Estaban hechos el uno para el otro desde el principio

La clase de pareja perfecta que todos

deseábamos para siempre, y aprendimos a descartarlo,

Su primera reacción es descalificar

La actitud del otro; y lo consiguen

A la perfección, por lo que terminan cambiando los papeles:

Uno, vivo, ha cerrado ojos y boca

Como para silenciar su conciencia,

Mientras que el otro, muerto, con los ojos y la boca abiertos

Parece entrar en el mundo que lo excluye.

A las madres, por supuesto, nunca se las engaña realmente

con bromas como ésta; el bebé vivo

Es más ligero sobre el brazo, como si el peso

Del alma lo atenuara, un aligeramiento,

Una fuerza contraria a la gravedad que, sin embargo,

arrastra al cuerpo sin alma hacia la tierra

Que muy pronto será su casa.

2.

La buena noticia es que uno se salvó;

Lo malo es que el otro no sabía lo suficiente

Para valerse por sí mismo, ni siquiera durante un rato.

O bien, lo bueno es que uno se desembaraza

pronto de la responsabilidad de sufrir,

para desdeñar el tipo de agonía

que delatan los ojos apenados, consumidos de su madre,

Pensando en lo que le espera al que sobrevive.

3

¿Qué clase de padre le pide a su esposa que sostenga

A su hijo muerto y a su hijo vivo en sus brazos,

Después la ignora y juguetea con las luces

Hasta que la escena está perfectamente preparada?

¿No ve la crispada tristeza

Con la que ella está mirando al objetivo, como si

tratara de echar a perder la fotografía por la sola fuerza de su voluntad?

¿O es exactamente esto lo que él quiere plasmar,

Una acusación contra sí mismo

Que acepta, el artista siempre tiene la libertad

De quedarse al margen, fuera de las vidas

Que atormenta y que observa

Como si fuera una parte tan mínima de ella

Como el bebé muerto en su fotografía?

Versión de Carlos Alcorta

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