SUJI KIM KWOCK
MONÓLOGO PARA UNA CEBOLLA

No menciono que te hago llorar.
No menciono nada, pero esto no te ha impedido
Pelarla alejado de mí, capa a capa,

Las lágrimas que nublan tus ojos, como la mesa,
Se llenan de peladuras, de cortes del bulbo, de todos los restos de la tarea.
Pobre humano ingenuo: buscas mi corazón.

Busca todo lo que quieras. Debajo de cada lámina de mi piel
Hay otra piel: yo soy pura cebolla —unión pura
De lo de fuera con lo de dentro, superficie y núcleo secreto.

Mírate, cortando y llorando. Idiota.
Es esta la forma en que vas por la vida, tu mente
Un cuchillo ansioso, impulsado por tu imaginación,

De alianza duradera —acuchillando una y otra vez la piel
De las cosas, ¿destrucción y lágrimas son tus únicos signos
De progreso? Ya es suficiente.

No debes lamentarte porque el mundo se perciba
A través de simulacros ¿De qué otra manera puede ser visto?
Cómo rasgarás el velo de los ojos, el velo

Que eres, tú, que quieres aprehender el corazón
De las cosas, con hambre de conocer la importancia
De las mentiras. Saborea lo que tienes en tus manos: zumo de cebolla,

Mondas amarillas, mis fragmentos urticantes. Tú eres una
En cada fragmento. Cualquier cosa que hagas por amor, te habrá
Cambiado: no eres quien eras,

Tu alma cortada al instante por un filo
De deseo nuevo, el suelo sembrado de pieles abandonadas.
Y en tu círculo más íntimo, ¿qué? Un centro

múltiple. Pobre tonto, eres un corazón dividido,
Perdido en su laberinto de capas, sangre y amor,
Un corazón al que un día vencerá la muerte.

Versión de Carlos Alcorta

Anuncios