NOTAS DE LECTURA 2. JOSÉ MARÍA MORENO CARRASCAL. LOS REINOS DIMINUTOS.

José María Moreno Carrascal (Ayerbe, 1951) ha sido galardonado con el Premio Unicaja de poesía por Los reinos diminutos (Pre-Textos, 2013), su segundo libro, después de Los jardines de hielo, publicado en 2010, lo que inmediatamente, nos conduce a pensar que nos hayamos frente a un autor tardío, algo que no supone, como podemos comprobar tras la lectura del libro, que sean libros de aprendizaje, de tanteo, muy al contrario. La poesía de Moreno Carrascal es una poesía cuidada formalmente, madura, reflexiva, fruto de un pensamiento consolidado por la experiencia, en el que están ausentes los balbuceos de un poeta inexperto, ese que escribe desmañadamente, creyéndose original, sin saber que lo que escribe no son más que tentativas, fragmentos de ya escrito por otros. La cita de Salvatore Quasimodo que encabeza el libro es lo suficientemente explícita al respecto: «Resta il pudore d’scrivire versi».

Existen otras formas de escribir poesía al margen del propio hecho de escribirla, y una de esas formas, sin lugar a dudas, es la traducción, oficio al que se dedica Moreno Carrascal con notoria fortuna. Ha traducido a autores de la talla de D.H. Lawrence, John Updike, Williams Carlos Williams, Bukowski o Wallace Stevens, por otra parte, tan distintos entre sí. Esta heterogeneidad ha influido beneficiosamente en su propia poesía—en la que nos es difícil encontrar también la huella de la poesía española—, porque esa indagación en tradiciones poéticas, sino contrapuestas, misceláneas le ha permitido fagocitar lo mejor de cada una de ellas. Es el caso del citado Lawrence, quien sirve de modelo a los «10 Pensies» (nombre en inglés de la flor que en español llamamos pensamiento), con los que comienza la segunda y más nutrida parte del libro. Una segunda parte heterogénea en cuanto a la forma (la primera parte del libro, «Mitologías personales» es muy breve y parece desempeñar casi un mero papel de prólogo), pues se alternan poemas de largo aliento como «Noche oscura de marzo» con poemas breves y haikus. La poética que sustenta la obra de Moreno Carrascal se puede apreciar en el poema titulado «Diciembre y mar», cuyos versos finales —con ineludibles ecos de Stevens—la resumen: «La poesía es, dicen,  la realidad./ Y yo lo creo».

El paso del tiempo que «como un buque que hace agua en alta mar,/ no deja de hacer mella en el que espera/ más de lo que un corto viaje le promete.»; la memoria de otra época: «en el vacío que alguna vez aquí reinó/ se pierde el eco de lo que fue»; la nostalgia de una infancia revivida en los hijos: «Vive, hijo, tu sueño de piloto del viento/ en esa siesta gozosa de vacación y sol eterno», son motivos propicios a una reflexión templada que el autor ejecuta con maestría. La descripción minuciosa es fruto de una mirada penetrante, una descripción que sirve de pórtico al verdadero propósito de estos versos, adentrarse en  «el paisajes del alma», en busca de esos tesoros ocultos que adivinamos tras la epidermis de la experiencia. En Los reinos diminutos encontramos la serena voz del escepticismo, de quien ha vivido lo suficiente como para saber cuáles son las cosas verdaderamente importantes en la vida, y de ello deja constancia en sus poemas.

 

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