HENRI COLE

GALLINAS

Es bueno para el amor propio, cuando las llamo y vienen
corriendo, alborotando y cacareando, porque ya es la hora de comer,
y una vez más no me resisto a proteger a la pequeña Lazarus,
una polla de color naranja y blanco, que adoro. “Sí, sí, todo irá
bien”, le digo a su risueña cara mestiza. Llega septiembre,
ella comenzará a poner huevos verdiazules que degusto escalfados.
Dios condenó a la serpiente a morder el polvo
y a la gallina a 4.000 ovulaciones o más. Pobre Lazarus,
la primavera pasada un intruso mató a su hermana y la dejó
atemorizada en el gallinero. Hay un modo en el que una herida
ilumina un oscuro espacio rectangular. El sufrimiento se convierte
en el tema universal. Demasiado blando, y te avasallarán;
demasiado duro, y te harán pedazos. Incluso una gallina sabe esto,
plantada sobre un montón de estiércol, su cuerpo un filón de oro.

 

Versión de Carlos Alcorta

Anuncios